martes, 20 de agosto de 2019

Nomofobia: la ansiedad al separarse del móvil


La incorporación del teléfono móvil en la vida cotidiana ha sido tan fuerte que, hoy por hoy, se presenta casi como un elemento imprescindible. Sin embargo, no todo son ventajas


El teléfono móvil es, hoy por hoy, uno de los aparatos tecnológicos de mayor uso en el mundo, sin menospreciar esta patología a edades más adultas, uno de los problemas más graves a los que se están teniendo que enfrentar tanto las familias como los psicólogos es a tratar la nomofobia entre los jóvenes de 18 a 35 años. 
¿Te consideras adicto al móvil? Compruébalo en este test:

Se trata de la vivencia de un miedo irracional a estar sin móvil, a estar sin saldo o cobertura, a quedarse sin batería o, incluso, a salir de casa sin el terminal. Y, según diversos estudios, el 77% de los jóvenes de entre 18 y 24 años y el 68% de los que tienen edades comprendidas entre los 25 y los 34 años padece esta patología.
Al parecer, el perfil de quienes se enfrentan a esta patalogía está bastante definido, ya que se trata de personas normalmente introvertidas, con baja autoestima y que presentan notables carencias a la hora de relacionarse con sus semejantes, por lo que prefieren comunicarse a través del teléfono móvil y ocupar su tiempo de ocio de esta forma.
Además, y tal y como indican diversos expertos, el hecho de disponer de un terminal con la última tecnología y poseer conocimientos sobre él, les ayuda a creer que poseen un estatus superior tomando como referencia, por ejemplo, su actividad en los chats o las redes sociales.
Síntomas de nomofobia
Así, y con el objetivo de detectar la nomofobia lo antes posible y comenzar el tratamiento correspondiente, los psicoterapeutas destacan la importancia de detectar los síntomas más evidentes:
  • El joven se enfada en el momento en el que se le llama la atención o se le restringe el uso del móvil –aunque sea en situaciones en la que sea completamente coherente hacerlo-.
  • Es necesario repetirle constantemente las frases o indicaciones, incluso las que se le dan directamente, porque no presta atención a lo que se le dice, sino sólo a lo que le llega a través del teléfono.
  • Se observa un uso abusivo del terminal, por ejemplo, en sitios públicos aún cuando se está acompañado de más gente, no se levanta la cabeza de la pantalla cuando se va andando por la calle o no se encuentran alternativas válidas para cubrir el tiempo de ocio.
De la misma forma, especifican que los padres y demás adultos de su entorno desempeñan un papel fundamental ya que los adolescentes y jóvenes son grandes imitadores del comportamiento.
Consejos para desconectar  
Por ello, recomiendan, entre otras actitudes, establecer una especie de hoja de ruta en la que se especifiquen claramente las situaciones en las que el uso del móvil debe estar completamente prohibido –por ejemplo, en comidas, cenas o cuando se realicen actividades con otras personas, o mantenerlo apagado por las noches-, pero también aquellas en las que sí puede contemplarse cierta flexibilidad en su empleo.

AGOTAMIENTO EMOCIONAL



El agotamiento emocional puede ser una consecuencia de pedirte demasiado y querer ser fuerte a todas horas.

El Agotamiento emocional es un estado de sobrecarga ante el estrés. No estamos hablando solo de exigencias profesionales, sino también de la carga de asumir conflictos, responsabilidades o estímulos emocionales o cognitivos. 
No aparece de la noche a la mañana. Es un proceso que se va desarrollando lentamente hasta que llega un punto en que colapsa, y es ahí cuando aparecen sus consecuancias. 
Aunque el agotamiento emocional se experimenta como fatiga mental, puede ir acompañado de gran fatiga física. Cuando surge, la persona puede sentir una sensación de pesadez, una incapacidad para seguir avanzando. Se cae en una inercia de la que es difícil salir. 

¿Cuáles son las causas del agotamiento emocional? 

Surge cuando se produce un desequilibrio entre lo que damos y lo que recibimos. Las personas que sufren son generosas, dan todo lo que pueden de sí mismas en el trabajo, en el hogar, en la pareja o en cualquier otro ámbito de su vida.
Este síndrome se encuentra a menudo en áreas muy exigentes, que requieren grandes sacrificios: 
  • Trabajar con un alto riesgo de despido.
  • Una familia cuyos miembros tienen muchos problemas y necesitan atención.
  • Una relación que es conflictiva o tiene grandes dificultades.
La persona que sufre de agotamiento emocional no tiene tiempo para ella y no recibe reconocimiento, afecto o consideración suficiente: se espera que esté siempre presente, como si no tuviera necesidades o problemas. como si ella fuera más fuerte que todo el resto y pudiera soportarlo todo.

Los primeros síntomas de agotamiento emocional

Los índices sugieren la aparición de agotamiento emocional. Estas son señales que, en general, reciben poca importancia a pesar de que nos permitirían manejar la situación a tiempo. 
  • Agotamiento físico: La persona se siente permanentemente cansada. Cuando se despierta, siente que el día será una montaña para escalar. 
  • Insomnio: La persona tiene dificultad para dormir porque siempre tiene problemas que giran en su cabeza y le impiden dormir. 
  • Irritabilidad: Se enoja y pierde el control de sí misma con recurrencia. La persona está de mal humor y sensible a cualquier crítica o gesto de desaprobación. 
  • Falta de motivación: La persona que sufre de agotamiento emocional actúa mecánicamente, como si continuara haciendo lo que hace todo el tiempo. Pérdida de interés y entusiasmo por actividades que antes eran apreciadas. 
  • Distanciamiento emocional: Las emociones son cada vez más planas, como si sintiéramos cada vez menos cosas. 
  • Pérdida de la memoria: Una saturación de información y / o estímulos da lugar a frecuentes descuidos. La persona olvida fácilmente las pequeñas cosas. 
  • Dificultades para pensar: La persona se confunde fácilmente. La actividad más ligera requiere más tiempo que antes, y razona más lentamente. 

¿Cómo acabar con el agotamiento emocional? 

La mejor manera de superar el agotamiento emocional es, obviamente, descansar. Es importante encontrar tiempo libre para relajarse y estar tranquilo. Por ejemplo, las personas que ocupan mucho su tiempo pueden pasar años sin coger vacaciones. Esto es algo que bajo ningún concepto debes hacer porque la fatiga llegará tarde o temprano y puede que lo haga en la peor de sus formas. Lo primero que hay que hacer es tomarse unos días para descansar. 
Otra solución es trabajar para tener una actitud diferente hacia las obligaciones diarias. Cada día debe incluir el tiempo dedicado a los compromisos, pero también el tiempo para descansar y realizar actividades gratificantes. Es esencial aprender a dejar de lado el perfeccionismo o la obsesión de querer controlarlo todo. 
Finalmente, es muy importante ser consciente de uno mismo. Para esto, lo ideal es tomarse un poco de tiempo cada día para estar solo: respirar, reconectarse con uno mismo, con los deseos de uno. Es fundamental desarrollar una actitud de comprensión y amabilidad hacia uno mismo. Si no lo hacemos, tarde o temprano no podremos continuar. 

martes, 30 de julio de 2019

Todo lo que necesitas saber sobre las disfunciones sexuales


El sexo sigue siendo un tabú para muchas personas, hasta tal punto que muchas de ellas no hablan de los problemas que tienen ni de las disfunciones sexuales.


A pesar de que se trata de algo normal y común, aún hoy sigue siendo tabú, lo que impide que algunas personas no sepan mucho sobre las disfunciones sexuales que existen y sus posibles tratamientos. Por eso queremos analizar de manera profunda este problema de la mano de la psicóloga Maitê Hammoud.
Las disfunciones sexuales son perturbaciones que afectan a la capacidad de una persona para responder sexualmente y experimentar placer. Cuando hablamos de disfunciones sexuales hacemos alusión a aquellas que están presentes desde el inicio de la actividad sexual, pero también a aquellas otras que se han adquirido a lo largo de la vida, ya sea por factores estresantes, como un despido, un duelo o problemas en la relación, ya sea debido a enfermedades como la diabetes, la depresión, la ansiedad u otras enfermedades.
Disfunciones sexuales femeninas
Es importante resaltar que las disfunciones sexuales son un problema que afectan a los dos sexos. Vamos a comenzar enumerando aquellas que pueden sufrir las mujeres:
Trastorno del orgasmo femenino
Este trastorno se caracteriza por el retraso, la infrecuencia o ausencia de orgasmo. La persona que lo padece tiene también sensaciones orgásmicas reducidas. Afecta a entre el 10 y el 42 % de las mujeres. Estos criterios estadísticos tienen en cuenta factores como la edad, la cultura, la duración o la gravedad de los síntomas. Las investigaciones indican que el 10 % de las mujeres no tiene ningún orgasmo a lo largo de su vida.
Trastorno de interés/excitación sexual femenina
Este problema se evidencia por la ausencia o disminución del interés o del deseo sexual. Las características que definen este trastorno son:
  • Ausencia o disminución de interés por la actividad sexual, pensamientos o fantasías eróticas.
  • No hay iniciativa de actividad sexual; si la hay, esta es reducida.
  • Ausencia de reciprocidad en los intentos realizados por la pareja.
La prevalencia de este trastorno entre la población es desconocida. Ello puede ser porque las mujeres con trastorno de interés/excitación sexual no suelen buscar ayuda profesional una vez identificados los síntomas.
Trastorno por dolor genito-pélvico (penetración)
Se manifiesta por las dificultades persistentes o recurrentes que la mujer tiene en los siguientes casos:
  • Penetración vaginal durante las relaciones
  • Dolor vulvovaginal o pélvico intenso durante las relaciones
  • Miedo o ansiedad intensa anticipada por sentir dolor durante la penetración
  • Tensión o contracción acentuada de los músculos durante los intentos de penetración
Se estima que el 15 % de las mujeres sufre este trastorno, siendo frecuente en personas que han sido víctimas de violencia sexual.
Disfunciones sexuales masculinas
Cuando se habla de disfunción sexual, son los hombres los que suelen buscar ayuda, puesto que está íntimamente ligado al desempeño, no solo al placer. Se habla de las siguientes disfunciones:
Eyaculación retardada
La eyaculación retardada está marcada por un retraso acentuado o una ausencia de eyaculación. El hombre y su pareja padecen intentos prolongados para llegar al orgasmo hasta el punto de provocar agotamiento e incomodidad genital. La ausencia de eyaculación puede despertar sentimiento de baja autoestima en las parejas. Afecta a menos del 1 % de los hombres.
Trastorno o disfunción eréctil
Se trata de un trastorno caracterizado por la dificultad acentuada para obtener o mantener la erección; está marcado por una disminución importante de la rigidez eréctil. En la mayoría de los casos, se trata de un problema relacionado con la baja autoestima y la falta de confianza en sí mismo, lo que disminuye el deseo sexual. Suele aparecer a partir de los 50 años y alcanza al 40 % de los hombres mayores de 60 años.
Trastorno del deseo sexual masculino hipoactivo
Consiste en la ausencia o disminución significativa de pensamientos o fantasías eróticas/sexuales o de deseo por la actividad sexual. Afecta al 6 % de los hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 24 años, dato que aumenta hasta el 41 % entre los 66 y los 74 años.
Eyaculación precoz
La eyaculación precoz es un patrón persistente o recurrente de eyaculación que sucede durante la actividad sexual en el espacio de un minuto desde el momento en el que se inicia la penetración. Alcanza aproximadamente al 30 % de los hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 70 años.
Existe también una disfunción sexual inducida por sustancias o medicamentos que se caracteriza por una perturbación clínicamente significativa de la función sexual derivada del uso habitual de alguna sustancia, como alcohol, sedantes, ansiolíticos, cocaína u otras drogas.
¿Cómo tratar las disfunciones sexuales?
Como el origen de los síntomas puede ser multifactorial (enfermedades, factores genéticos, causas emocionales, abuso de sustancias…), si usted nota que su satisfacción o apetito sexual se ha reducido o no es el adecuado, es importante que acuda a un médico especialista para que le realice un examen clínico. La consulta permitirá diagnosticar la disfunción y si el origen es orgánico u hormonal.

En el supuesto de que no sean esas las causas, se planteará la hipótesis de que tenga un origen emocional. En este caso, es fundamental contar con el apoyo profesional de un psicólogo, que investigará la naturaleza de los síntomas para así optimizar su salud y la calidad de su placer durante las relaciones.
Muchas veces los síntomas están vinculados a traumas, sentimientos de culpa, baja autoestima, inseguridad…, lo que hace que la consulta psicológica resulte indispensable.

Maltrato en la pareja: se puede evitar




Ser maltratada/o no es una condición de vida, se puede cambiar. Recuperando la autoestima y la confianza en uno mismo es posible salir de el infierno que supone la violencia de género.

Muy a menudo, las personas con este problema rechazan la ayuda psicológica. Se sienten tan decaídas, bajas y tan mal consigo mismas, que no creen tener fuerza para salir de la situación en la que están.
La persona maltratada no siempre es consciente de ello, llega a considerar normal ciertos comportamientos de su pareja. Puede incluso justificarlo alegando que "él/ella es así, pero en el fondo me quiere" "es su carácter" o cosas parecidas.
Al principio las relaciones son idílicas, es normal, esa persona violenta con la que convives necesita conquistarte, que confíes y caigas en su red. Una vez te tiene enganchada/o, entonces empieza el acoso y derribo: irá poco a poco, un día un empujón, otro día un grito…hasta que ve que consientes y no te rebelas, entonces empieza el maltrato en serio. Hay palizas, insultos y tratos denigrantes que no tienen un fin.
No tienen un fin hasta que la persona maltratada decide que no va a consentir más, que merece algo mejor y que va a hacer lo necesario para apartarse de la persona que le está impidiendo ser feliz.

Hay ciertas señales que te pueden alertar de que estás siendo maltratado/a por tu pareja:
  1. Si quiere controlar tu móvil o las redes sociales
  2. Si le molesta que pases tiempo con amigos o familia y quiere organizar tu tiempo libre
  3. Minimiza tus problemas y en las discusiones siempre acabas cediendo
  4. Cuando estáis juntos en público temes hablar por miedo a que te menosprecie
  5. Te hace sentir inferior, no válido/a, incapaz, poco útil o poco atractivo/a
  6. Toma decisiones sin contar con tu opinión
  7. Controla todo el dinero y tienes que pedirle cada vez que lo necesitas
  8. Mantienes relaciones sexuales, aunque no te apetezca, por miedo a su reacción si te niegas

Qué se hace en terapia

La terapia es fundamentalmente cognitivo-conductual, es necesario racionalizar situaciones pasadas, pero también aprender a perdonar y dejar atrás, aprender nuevos comportamientos fortaleciendo la autoestima tan maltratada a lo largo de años y empezar, con pequeños cambios, a quererte y sentirte que tienes valor, que eres una persona digna y que nadie tiene derecho a someterte.
El profesional te ayudará a volver a los hechos de tu vida que más te han marcado, reconocer y aceptar estas situaciones para, a continuación, tomar conciencia de todos los elementos de culpa, falta de valoración, aprendizajes erróneos y hábitos dañinos, que te han hecho ir aceptando, de una forma paulatina, tratos degradantes y humillantes que no te mereces.
En cada sesión recibirás distintas herramientas, tareas e información para que trabajes a lo largo de la semana y que te ayudaran a enfrentarte a esa situación que no quieres en tu vida. Con constancia y apoyo se puede siempre desaprender un comportamiento o una imagen negativa de uno mismo y sustituirla por otra imagen mucho más adaptativa y sobre todo libre.
Si temes levantar la voz, dar tu opinión en público, buscas caer bien a toda costa y te estás quedando sin amigos, busca ayuda. Siempre se puede volver a empezar. Nunca es tarde. Nunca.


Un trastorno alimentario poco común: la fatorexia


La fatorexia es un trastorno más frecuente de lo que creemos.



Dentro de los trastornos alimentarios conocemos los más habituales: la anorexia y la bulimia, pero hay otros que también entrarían dentro de esta categoría. Uno de ellos es la fatorexia, que, para que nos entendamos, es lo opuesto a la anorexia.
Como la anorexia, se trata de un trastorno dismórfico corporal mediante el cual una persona tiene una percepción de su cuerpo que no es real, pero, en este caso, no siente que sus medidas sean mayores de lo que verdaderamente son, sino que se ve más delgada de lo que en realidad está. El problema es que esa imagen distorsionada provoca que esa persona no sea consciente de que puede tener un problema importante de obesidad, con todos los riesgos para la salud que el exceso de peso tiene.
¿Cuáles son los síntomas de las personas que padecen fatorexia?
La concepción imaginaria que estos pacientes tienen de su imagen hace que se vean delgadas, fuertes y sanas, y no aprecien los problemas reales que presenta su cuerpo. Estos sujetos suelen mostrar un comportamiento muy característico, cuyos síntomas son:
·        Se alejan de espejos, básculas y demás elementos que les muestre su imagen o su peso real
·        No saben cuánto pesan
·        Suelen usan prendas grandes para evitar fijarse en sus curvas
·        Niegan tener sobrepeso u obesidad
·        Confunden el exceso de kilos con musculatura
·        Comen mucho
·        No siguen una dieta sana y equilibrada, sino que su alimentación se basa en comida basura y productos ricos en grasas y azúcares
¿Qué tratamiento ofrecen los psicólogos?
A pesar de que se trata de un trastorno alimentario, cuyas consecuencias son igualmente graves, no siempre se diagnostica de manera acertada. Cuando un profesional identifica el problema, suele ofrecer terapia psicológica bajo un enfoque cognitivo conductual para tratar de modificar el comportamiento que muestra el paciente y que este adquiera una visión real de su cuerpo. Algunas personas suelen mostrarse reacias y niegan el problema. Por ello, los expertos en salud mental trabajan primero para cambiar la nula colaboración y la negación del problema que presentan estos pacientes.
La terapia suele incluir una reeducación nutricional para que el paciente aprenda a comer sano y contrarreste muchos de los efectos negativos que el exceso de peso ha podido ocasionar en su cuerpo, como anemia, desnutrición, alteraciones cardiovasculares, problemas de movilidad, dificultades respiratorias, diabetes, etc.
Además de la terapia y de la dieta especializada que habrá diseñado un nutricionista, se darán pautas de estilo de vida saludable para que la persona aprenda a llevar una vida sana, abandone el sedentarismo y practique ejercicio que contribuya a su mejoría física y a su estabilidad emocional.
Al igual que la anorexia, la fatorexia es un trastorno grave que debe tratarse cuanto antes debido a las consecuencias que presenta para la salud. Pero, a diferencia de lo que sucede con otros problemas alimentarios, no siempre se detecta. Por ello, si sospechamos que un familiar o amigo puede tener fatorexia, es recomendable que consultemos con un especialista para que realice el diagnóstico adecuado y defina el tratamiento más conveniente. 

Cuando nuestra mente se «inventa» enfermedades


El poder de la mente es increíble. Puede hacernos sentir la persona más feliz del mundo o causarnos una angustia importante que también se deje notar en nuestra salud física.



Tal es el poder de los pensamientos que, en algunas ocasiones, la mente está detrás de determinadas enfermedades. Un ejemplo sería la sensibilidad química múltiple, un problema que afecta a unas 300 000 personas solo en nuestro país y que parece esconder más un problema psicológico que una enfermedad física.
Las personas que padecen este tipo de enfermedad sienten una serie de síntomas cuando su piel entra en contacto con alguna sustancia química sintética. Incluso hay pacientes que llevan mascarillas para evitar las molestias que les ocasionan respirar las sustancias que estas sustancias desprenden. Estas molestias pueden ir desde mareos y vómitos hasta espasmos musculares, dolores y sensación de ahogo, entre otros síntomas.
Hasta la fecha, la Organización Mundial de la Salud no reconoce esta enfermedad, aunque España sí que lo ha hecho. Nadie cuestiona que estas personas padecen un problema, pues los síntomas así lo evidencian. Pero lo que los expertos señalan es que, lejos de tratarse de una enfermedad física, se trata de un trastorno mental. Para que nos entendamos: los profesionales indican que, en realidad, el cuerpo de esas personas no reacciona ante esas sustancias, sino que es su propia mente la que «inventa»esos síntomas. Los estudios que se han hecho para valorar las reacciones de estos pacientes a determinadas sustancias así lo ponen de manifiesto.
El problema surge porque las personas que sienten estas molestas sensaciones, que tantas dolencias les generan, sí padecen, y mucho, como consecuencia de ellas. Es algo similar a lo que sucede con los miedos irracionales y las fobias, por ejemplo. Nuestra mente fabrica pensamientos negativos que exageran la situación a la que nos vamos a enfrentar antes de que nos veamos expuestos a aquello que nos causa pavor, por lo que nuestra predisposición ya es mala, y los síntomas que viviremos nos provocarán, por tanto, un gran malestar que no es físico, sino mental, pero que sí sentimos en nuestro cuerpo.
En el caso de los pacientes que sufren sensibilidad química múltiple, como en el caso de personas que padecen fobia a los espacios abiertos, a hablar con la gente o tiene miedo irracional a la lluvia, es la mente la que está detrás de los síntomas, puesto que es esta la causante de que cuando llueve sintamos taquicardia y temblores, o de que cuando estemos frente a un mueble fabricado con una sustancia química sintética sintamos que nos ahogamos y nos duelan los músculos.
De este modo, según estos investigadores, en el caso de las personas que padecen sensibilidad química múltiple, el tratamiento debería incluir atención psicológica individualizada, al igual que sucede con las personas que sufren angustia debido a sus miedos o fobias. Solo de este modo se conseguiría controlar las reacciones que el cuerpo padece por culpa de la mente y se podría reducir el malestar asociado a estos síntomas.

miércoles, 12 de junio de 2019

APEGO Y DEPENDENCIA






La dependencia emocional es un estado de apego extremo o enfermizo hacia una persona o grupos de personas, ya sea pareja, familia o amistad.
Lo que nos viene a la mente con mayor facilidad es la dependencia emocional a la pareja, en la que bajo el disfraz del amor romántico la persona apegada sufre una despersonalización lenta que la lleva a convertirse en un apéndice de la persona amada.
Según los expertos, la mitad de las consultas psicológicas se deben a problemas ocasionados o relacionados con dependencia patológica interpersonal. En muchos casos, pese a lo tóxico de la relación, las personas son incapaces de ponerle fin. En otros, la dificultad reside en una incompetencia para resolver el abandono o la pérdida afectiva. No se resignan a la ruptura o permanecen en una relación que no tiene ni pies ni cabeza.

Detrás de todo apego hay miedo y algún tipo de incapacidad. Para que exista apego debe haber algo que lo justifique: evitar el dolor o mantener la satisfacción. Nadie se aferra al sufrimiento por el sufrimiento mismo. De acuerdo con la historia personal afectiva, la educación recibida, los valores inculcados y las deficiencias que podamos tener, cada uno "elige" su fuente de apego. 
Los siguientes son los más comunes: 
  • Apego a la seguridad o protección: parte de la baja autoeficacia percibida. La persona siente que no es capaz de hacerse cargo de sí mismo/a y necesita de alguien más fuerte psicológicamente hablando que se haga responsable de él/ella. El origen de este apego parece estar en la sobreprotección parental durante la niñez y de la creencia de que el mundo es peligroso. Su miedo es al desamparo y la desprotección.
  • Apego a la estabilidad y la confiabilidad: está relacionado con un profundo temor al abandono y una hipersensibilidad al rechazo afectivo. La confiabilidad se vuelve una necesidad compulsiva para aliviar el miedo anticipatorio a la carencia. Su historia afectiva suele estar marcada por infidelidades, rechazos y pérdidas amorosas que no se han superado adecuadamente. Lo primordial para este tipo de apego es impedir otra deserción afectiva. El objetivo es mantener la relación a cualquier coste para que la historia no se repita.
  • Apego a las manifestaciones de afecto: el objetivo primordial es sentirse amado. Proviene de una baja autoestima, donde la persona que no se quiere a sí misma proyecta ese sentimiento y piensa que nadie podrá quererla. El cariño, la ternura y otras manifestaciones serán vistas como señales de que el amor está presente, pero si disminuyen la persona sentirá que la relación está a punto de terminar. Uno de los indicadores erróneos es la deseabilidad sexual. El pensamiento "si soy deseable, soy querible" hace que estas personas busquen amor en cualquier lugar.
  • Apego a la admiración: la carencia que está presente es de reconocimiento y adulación, ya que ellos mismos no se sienten valiosos o admirables. Se apegan a quien les muestra admiración o algo de fascinación. El bajo autoconcepto crea una importante sensibilidad al halago. Su mayor miedo es a la desaprobación o al desprecio.
  • Apego normal al bienestar y placer: ciertas formas de dependencia son vistas como normales por la cultura e incluso por la psicología. Algunas formas de bienestar interpersonal son especialmente susceptibles de generar apego, entre ellas: sexo, mimos, compañerismo y tranquilidad.