miércoles, 13 de marzo de 2019

EL PERDON

EL PERDON

Cuando nos hacen daño la reacción inmediata y lógica es ir contra quien nos lo hizo; pero esta reacción lógica y natural tiene sus problemas. A corto plazo, tratas de impedir que el daño continúe; pero si la acción sigue por mucho tiempo, te puedes ver reflejado en la siguiente metáfora:

Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen la boca grande y hacen heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, curar una mordedura así puede ser largo y difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente. Pero el problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y, que aunque se ha ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes son el de la venganza, el del ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por encima de todo. El veneno puede estar actuando durante muchos años y, por eso, la herida no se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, fuerza y energía

Cada vez que piensas en la venganza, o la injusticia que te han hecho, la herida se abre y duele, porque recuerdas el daño que te han hecho y el recuerdo del sufrimiento te lleva a sentirlo de nuevo.
Sacar el veneno de tu cuerpo implica dejar de querer vengarse, en resumen, dejar de hacer conductas destructivas hacia quien te mordió. Como te decía, solamente pensando en la venganza el veneno se pone en marcha. Por eso, si quieres que la herida se cure, has de dejar los pensamientos voluntarios de venganza hacia quien te hizo daño.

Indudablemente tendrás que procurar que la serpiente no te vuelva a morder; pero para eso no tendrás que matarla, basta con evitarla o aprender a defenderte de ella o asegurarte de que lo que ha ocurrido ha sido una acción excepcional que no se volverá a repetir.

El proceso de perdón no implica el abandono de la búsqueda de la justicia ni de dejar de defender tus derechos, solamente se trata de no buscar en ello un desahogo emocional, que implique que la búsqueda de la justicia se convierta en el centro de tus acciones y que dificulte tu avance en otros de tus intereses, objetivos y valores.

Es una forma de presentar que el perdón es terapéutico, resaltando los procesos psicológicos que subyacen y los beneficios personales que tiene ejercerlo. De esta forma, se ven los efectos que tiene perdonar, dejando a un lado las connotaciones religiosas sociales, etc. que tiene la palabra perdón y que pueden hacer difícil entender que puede ser un proceso terapéutico.

Qué es el perdón

Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas. (McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).
Algunos consideran que perdonar no solamente incluye que cesen las conductas dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la realización de conductas positivas (Wade y otros, 2008). Como indica la metáfora anterior, es preciso dejar de pensar en las conductas destructivas; pero dejar de pensar en algo voluntaria y conscientemente lo único que consigue es incrementar su frecuencia (Wegner, 1994). En consecuencia, para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el pensamiento de querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite y no vuelva a hacer daño a nadie o deseando que le vaya bien en la vida, etc.

Si el proceso de perdón se hace adecuadamente, se modificarán en consecuencia, los sentimientos hacia el ofensor. Aunque algunos autores consideran que son los sentimientos los que originan las conductas, desde la terapia de aceptación y compromiso se parte de que los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones no condicionan obligatoriamente la conducta y que lo importante es la modificación de la conducta, que finalmente llevará a un cambio en los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. Por eso, perdonar no es contingente con la reducción o cese total de los pensamientos o sentimientos “negativos”; no es un estado afectivo o una condición emocional ni una colección de pensamientos y sentimientos; perdonar es una conducta libremente elegida de compromiso y determinación (Zettle y Gird, 2008).

El perdón no es un acto único que se hace en un momento dado, es un proceso continuo que se puede ir profundizando y completando a lo largo del tiempo. Por eso se dan varios niveles de perdón (Case, 2005) que se pueden considerar como una serie de tareas que van completando e incrementando el proceso hasta llegar al grado más completo de perdón. El primer paso consiste en dejar de hacer conductas destructivas abiertas y explícitas (como cesar de buscar venganza o justicia, quejarse a todo el mundo, etc.) o encubiertas e implícitas (como desear conscientemente mal al agresor, rezar para que le pase algo malo, rumiar el daño que se ha recibido, etc.). El segundo nivel es hacer conductas positivas hacia él.

Completando el perdón, si hay respuestas positivas por el perdonado, se puede llegar a restaurar la confianza en el agresor.

El considerar que hay distintos niveles de perdón, implica que para entender realmente en qué consiste el perdón terapéutico y hasta donde está dispuesto a llegar el paciente, sea necesario explicar con detalle el proceso que se va a seguir para perdonar.

Qué no es el perdón

Debido a que perdón es una palabra muy cargada ideológicamente, proponer los pacientes que realicen un proceso de perdón puede llevar a malos entendidos y por ello es necesario discutir con ellos qué es y qué no es el perdón que se propone. Algunos de los puntos que puede ser necesario aclarar son los siguientes:

El perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación. Perdonar o pedir perdón son opciones personales que no necesitan de la colaboración de la otra persona. Sin embargo, la reconciliación es un proceso de dos. Por ejemplo, el perdón no supondrá nunca restaurar la relación con alguien que con mucha probabilidad pueda volver a hacer daño.

El perdón no implica olvidar lo que ha pasado. El olvido es un proceso involuntario que se irá dando, o no, en el tiempo. Solamente implica el cambio de conductas destructivas a positivas hacia el ofensor, tal y como se ha indicado. Hay ideas erróneas asociadas con el perdón como que si se perdona no se debe acordar o sentirse enfadado por lo ocurrido. Recordar algo es un proceso automático que responde a estímulos que se pueden encontrar en cualquier parte y los sentimientos que se tienen no se pueden modificar voluntariamente, las respuestas que damos cuando tenemos  esos sentimientos si pueden llegar a ser voluntarias.

El perdón no supone justificar la ofensa que se ha recibido ni minimizarla. La valoración del hecho será siempre negativa e injustificable, aunque no se busque justicia o se desee venganza.

El perdón del que se trata tampoco supone obligatoriamente levantar la pena al ofensor y que no sufra las consecuencias de sus actos. Para que se dé la reconciliación es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, o cumpla la pena que la sociedad le imponga. El perdón consiste en que el que perdona deja de buscar activamente que se haga justicia y es parco en las consecuencias que busca y, sobre todo, no intenta obtener una descarga emocional junto con la justicia.

Perdonar no es síntoma de debilidad, porque no se trata de dar permiso al otro para que vuelva a hacer daño, sino que se puede perdonar cuidando de que no nos hagan daño de nuevo.

El proceso de perdonar

Cuando perdonar

Si el daño que se ha recibido trasciende el hecho emocional de sentirse injustamente tratado y lo único que se va a conseguir del otro es una compensación emocional, el perdón está plenamente indicado.

 También, cuando la búsqueda de la reparación se ha convertido en el centro de la vida del ofendido o interfiere con el seguimiento de otros valores, el perdón le permitirá poner distancia emocional para tener en cuenta todos los valores que está dejando de atender.

Hay que tener en cuenta que no se trata de ponerse en riesgo de que el daño se pueda volver a repetir.

Primera etapa: análisis y reconocimiento del daño sufrido

El proceso comienza en la fase de análisis de lo ocurrido, incluyendo en ella el reconocimiento del daño que se ha recibido. Es preciso reconocer que se ha recibido un daño que duele, y aceptar ese dolor. Se hace de forma lo más objetiva posible, lo que va a permitir un distanciamiento emocional y los primeros pasos para entender las motivaciones del ofensor; lo que constituye un comienzo para construir una cierta empatía hacia el otro que está en la base del perdón. También han de analizarse con detalle las circunstancias que han influido para llevarle a hacernos daño, porque una atribución externa, inestable y específica del daño contribuye al perdón (Hall y Fincham, 2006) frente a la atribución interna, estable y global que lo dificulta.

Segunda etapa: elegir la opción de perdonar

El perdón para la víctima es una buena opción en cualquier caso. La metáfora del anzuelo que sugiere Steven Hayes, indica de forma clara cómo el no perdonar a alguien nos coloca en una situación permanente de sufrimiento y puede ayudar en este proceso:
Quien nos ha hecho daño nos ha clavado en un anzuelo que nos atraviesa las entrañas haciéndonos sentir un gran dolor. Queremos darle lo que se merece, tenemos ganas de hacerle sentir lo mismo y meterle a él en el mismo anzuelo, en un acto de justicia, que sufra lo mismo que nosotros. Si nos esforzamos en clavarle a él en el anzuelo, lo haremos teniendo muy presente el daño que nos ha hecho y cómo duele estar en el anzuelo donde él nos ha metido. Mientras lo metemos, o lo intentamos, nos quedaremos dentro del anzuelo. Si consiguiéramos meterle en el anzuelo, lo tendríamos entre nosotros y la punta, por lo que para salir nosotros tendremos que sacarle a él antes. 

Si salimos del anzuelo, tendremos cuidado de no estar muy cerca de él porque nos puede volver a meter en el anzuelo y si alguna vez nos juntamos, tiene que ser con la confianza de que no nos va a volver a hacer daño. 

Pero no es la opción de no sufrir lo que justifica una elección, sino una opción basada en los valores de la persona (Hayes y otros, 1999). Hay que tener en cuenta que se trata de valores como los define la terapia de aceptación y compromiso, es decir, como consecuencias deseadas a muy largo plazo, y no solamente como valores morales o éticos. Cuando hemos dejado a un lado esos valores para centrarnos en la venganza y se le hemos dedicado tiempo y recursos, pueden estar afectadas otras áreas de nuestra vida. Es en los valores afectados por la concentración en vengarnos en los que tenemos que encontrar los motivos para elegir perdonar.

Tercera etapa: aceptación del sufrimiento y de la rabia

El perdón no supone que se rechacen y esté mal tener sentimientos de rabia, de ira o deseos de venganza, aunque a algunos pueda parecerles que el perdón lo implica (Wade y otros, 2008). El problema no está en tener esos sentimientos o pensamientos, sino en actuar dejándose llevar por ellos en contra de los valores e intereses más importantes en ese momento (Hayes y otros, 1999).

 La propuesta de la terapia de aceptación y compromiso consiste en abrirse a sentir el sufrimiento, la rabia, la depresión y cualquier pensamiento, sentimiento, sensación o emoción que surja asociado al daño recibido, sin ninguna defensa; mientras nuestra acción sigue el compromiso con los valores que en ese momento sean más relevantes (Hayes y otros, 2004).

Si se ha elegido la opción del perdón, para llevarlo a cabo es preciso aceptar, en el sentido expuesto, los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. La aceptación es un proceso que finalmente lleva al cambio; pero hay que tener en cuenta que su objetivo no es la extinción del sufrimiento, sino el compromiso con los valores y el fortalecimiento de la acción comprometida con ellos (véase por ejemplo, García Higuera, 2007).

Cuarta etapa: establecer estrategias para autoprotegerse

El perdón no implica la aceptación incondicional del peligro de que ocurra de nuevo el ataque. En el análisis de lo ocurrido hay que incluir también la consideración de cómo los comportamientos de la víctima que han podido permitir o favorecer la ofensa (Case, 2005). Analizando lo que ha ocurrido, la víctima se puede dar cuenta de cuales eran los indicios que indicaban el peligro, lo que le dará más posibilidades de evitarlo en el futuro.

Quinta etapa: una expresión explícita de perdón

La expresión explícita del perdón es un paso importante aunque algunos pacientes puedan pensar que es solamente simbólico y vacío de contenido. Se pueden articular muchos ritos o maneras hacerlo. Esta acción explícita no es el final del proceso de perdón, sino la oficialización del inicio. Hay que tener en cuenta que es preciso volver a repetir el proceso siempre que sea necesario, ya que el ofendido no está libre de que le aparezcan de nuevo los, pensamientos, emociones, sensaciones y sentimientos asociados a la ofensa. Cada vez que surjan de nuevo los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones asociados a la ofensa, se tienen que repetir los pasos que sean necesarios.

El proceso de pedir perdón

Pedir perdón es uno de los elementos fundamentales de muchas religiones movimientos espirituales (Zettle y Gird, 2008); por ejemplo, en el cristianismo. Para los cristianos, Cristo vino al mundo a perdonar los pecados de todos los hombres, ya estamos perdonados por Dios y solamente hace falta pedir perdón. La petición de perdón la ha articulado la religión católica en una serie de pasos dentro de la administración clásica del sacramento de la penitencia: examen de conciencia, dolor de corazón, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Siguiendo esta pauta, el proceso de pedir perdón comenzaría en una primera etapa de análisis de lo que ha pasado, de las circunstancias, motivos y emociones que han concurrido en lo el daño que hemos hecho y de los efectos que ha causado; para pedir realmente perdón tiene que haber un arrepentimiento que incluye un dolor por el sufrimiento causado que no puede quedar solamente en palabras, sino que ha de articularse en acciones comprendidas en un plan concreto que permitan que aquello no vuelva a ocurrir y que restituyan el mal realizado.
Profundizando en esta línea y dejando a un lado las connotaciones ideológicas y religiosas del perdón, desde un punto de vista terapéutico la petición de perdón se puede hacer siguiendo los siguientes pasos:

Reconocer que lo que hizo causó daño u ofendió al otro

No es obvio que el que nos ha ofendido sea plenamente consciente del daño que ha hecho y del sufrimiento que está teniendo su víctima (Case, 2005). El proceso de reconocerlo supone un acercamiento profundo al otro, con comprensión y empatía, y un establecimiento de una comunicación que no se basará en disculparse o evitar las consecuencias o el castigo por lo que ha hecho. Esto permite al otro expresar su sufrimiento de forma plena. Este proceso es positivo cuando se hace mientras se va informando al otro de lo ocurrido.

Sentir de verdad el dolor del otro

Para pedir perdón es preciso ser consciente de que se ha hecho un daño importante al otro. Ponerse en su lugar y acercarse a sus sentimientos puede llegar a hacer sentir de verdad el dolor del otro.

Analizar su propia conducta

Para el ofensor, saber cómo y por qué hizo lo que hizo es interesante en sí mismo. Compartir ese conocimiento con la otra persona es un paso necesario para avanzar en el proceso de pedir perdón y llegar a la reconciliación. Hay montones de razones por las que alguien decide hacer algo que causa daño, ninguna será aceptable para la víctima. En consecuencia, no se trata de encontrar excusas a sus actos, sino de establecer una base para poder realizar la siguiente fase: elaborar un plan que impida que vuelva a ocurrir (Case, 2005).
Es preciso reconocer también el papel que han jugado las circunstancias, pero no para quitarse culpas y echárselas a otros.

Definir un plan de acción para que no vuelva a ocurrir

Definir un plan de acción concreto para que nunca vuelva a ocurrir y compartirlo con el otro es el siguiente paso para pedir perdón. El plan puede incluir acciones dirigidas a mejorar las debilidades propias que han propiciado el daño realizado. Todo el plan ha de hacerse indicando los objetivos operativos, el tiempo y los medios que se van a dedicar a conseguirlos. No se trata de establecer solamente buenas intenciones, las acciones han de ser concretas y se han de establecer los tiempos y los recursos necesarios para hacerlas. En resumen, es preciso comprometerse con llevar a cabo el plan.

Pedir perdón explícitamente al otro.

Los pasos anteriores han de se compartidos con el otro y han de comunicársele para que la petición de perdón sea explícita y llegue al otro, mostrando que no son palabras vanas, sino que están articuladas en un plan y en un compromiso de lucha por la relación.
Realizar un acto simbólico en el que se pida perdón al ofendido es importante para que el perdón quede muy claro.

Restituir el daño causado

Siempre que sea posible, es preciso restituir el daño causado. No sería de recibo pedir perdón y quedarse con las ventajas que se han obtenido de la ofensa.

Habilidades Parentales


Habilidades Parentales


¿Por qué es importante?

Los padres y las madres difieren en el grado en el cual responden a las señales de los(as) niños(as) y controlan sus comportamientos. El cuidado de alta calidad, se caracteriza por un enfoque receptivo, cognitivamente estimulante y moderadamente controlado, lo cual es crucial para el desarrollo y la seguridad infantil.
De hecho, muchas de las habilidades que los(as) niños(as) adquieren durante los primeros años dependen fundamentalmente de la calidad de sus interacciones parentales. Por ejemplo, los padres y las madres desempeñan un papel importante en fomentar el aprendizaje infantil temprano  (por ejemplo, el lenguaje y las habilidades de resolución de problemas) y en la configuración de sus habilidades socio-emocionales (por ejemplo, regulación emocional, reactividad al estrés y autoestima). Además, influyen en el desarrollo, el mantenimiento o el cese de los comportamientos positivos y/o negativos de sus hijos(as).

La calidad de la crianza durante los primeros años afecta a tres determinantes clave del éxito posterior en la escuela: su potencial cognitivo, su habilidad social y su funcionamiento conductual. Cabe señalar, que teniendo en cuenta el hecho de que las habilidades parentales pueden ser adquiridas y transmitidas de una generación a otra, los esfuerzos continuos para mejorar la calidad del cuidado son importantes.

¿Qué sabemos?

¿Por qué los padres y las madres se comportan de la manera que lo hacen?

El enfoque de cuidado adoptado por los padres y las madres está influenciado por las interacciones entre factores personales y ambientales. Estos incluyen: a) las características de los(as) niños(as); b) características parentales y; c) el contexto social más amplio en el que vive la familia.

Características parentales y niños(as)

Mientras que la crianza receptiva a la sensibilidad se asocia generalmente con la emotividad positiva infantil, los infantes irritables o agresivos son susceptibles de recibir cuidados menos favorables, ver perjudiciales. Más específicamente, la crianza que es caracterizada por ser una disciplina inconsistente, rígida o explosiva irritable, así como una baja supervisión y participación, se relacionan estrechamente con el desarrollo de problemas de la conducta infantil.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que los padres y las madres les afecta diferentemente los comportamientos y el temperamento de su hijo(a). El nivel de restricción/ aceptación y permisividad/ restrictivo está influenciado por la forma en que los padres interpretan y reaccionan ante los comportamientos de su hijo(a), las expectativas sobre la capacidad que tiene y el propio funcionamiento psicológico.

Los padres y las madres que son capaces de comprender las causas de la angustia de su hijo(a) y que confían en sus habilidades parentales tienden a estimular, reconfortar y tener mayor asertividad. Por el contrario, si creen que su hijo(a) tiene más poder en situaciones difíciles que ellos mismos, tienden a usar prácticas parentales menos efectivas tendiendo a la hostilidad o permisibilidad.

Del mismo modo, quienes tienen estas creencias inexactas o una menor comprensión de los hitos del desarrollo tienden a ser menos sensibles a las señales de su hijo(a). Por último, el propio funcionamiento psicológico parental puede influir en el enfoque de cuidado. Por ejemplo, al develarse evidencia emergente que experimentan ansiedad, hay una tendencia a adoptar un estilo de sobreprotección de la crianza. En la medida en que la participación activa parental es fundamental para el desarrollo cognitivo, social y emocional infantil, los comportamientos que enfatizan la sobreprotección pueden promover la evitación y el desarrollo de la ansiedad.

Contexto sociocultural

Las prácticas de crianza también están influenciadas por el contexto sociocultural, así teniendo en cuenta un estilo de crianza democrático (niveles equilibrados de control y permisividad) que es de tipo normativo y que se asocia con resultados positivos para los(as) niños(as) en las familias de clase media blanca, no prevalece la misma asociación positiva en todos los contextos culturales y socioeconómicos. De hecho, un estilo de crianza flexible/permisivo no es necesariamente óptimo para los(as) niños(as) que crecen en vecindarios de alto riesgo, puesto que se pueden beneficiar de un estilo de crianza autoritario (altos niveles de control y bajos niveles de permisividad), ya que tiene el potencial de reducir el riesgo de trayectorias de desarrollo negativo.

¿Qué podemos hacer?

Existe un gran número de programas de apoyo parental para fortalecer sus habilidades y promover el desarrollo de nuevas competencias. Los programas de apoyo parentales tienen un objetivo común: mejorar la vida de los(as) niños(as) y sus padres/madres- y una estrategia compartida- para incidir en los(as) niños(as), es a través de generar cambios en las actitudes, conocimientos y / o comportamiento parentales con una variedad de apoyos sociales y prácticos.

 Estos incluyen el manejo de casos que vincula a las familias con los servicios, educación sobre el desarrollo infantil y las prácticas de crianza, y el apoyo social en las relaciones con el personal de servicio y otros padres/madres.

Junto al creciente reconocimiento de que la crianza es influenciada por una variedad de factores que pueden comprometer su ejercicio, varios programas han extendido su enfoque ofreciendo apoyo para el autocuidado parental (por ejemplo, depresión, planificación del control de la natalidad) la calidad del matrimonio y/o la autosuficiencia económica (por ejemplo, mejorar los recursos educativos, ocupacionales y de vivienda).

Estos programas últimamente tienen como objetivo dar a los padres y a las madres los conocimientos y habilidades que necesitan para llevar a cabo las responsabilidades de crianza de manera efectiva y proporcionar a sus hijos(as) experiencias y oportunidades que promuevan el aprendizaje y el desarrollo infantil.

Hay una serie de intervenciones de apoyo parental que han demostrado mejorar los comportamientos en preescolares, incluyendo los programas parentales positivos de: Ayuda a Niños(as) No Conformes/ desobedientes; Los Años Maravillosos, Terapia de Interacción Parental e hijos(as) y Triple P. Los mismos se basan sobre los resultados de investigaciones anteriores, así los programas de crianza tienden a ser eficaces cuando abarcan múltiples dominios, incluyendo la ecología social infantil y la familia, los comportamientos específicos de destino o transiciones de desarrollo, los que ofrecen apoyo a pares e involucran a los padres y las madres (Por ejemplo, mediante el modelamiento de roles). Asimismo, se necesitan investigaciones continuas para evaluar los resultados de los(as) niños(as) y los resultados parentales en una variedad más amplia de grupos culturales y socioeconómicos, como también, es necesario realizar más investigaciones sobre el papel específico de las cogniciones y las actitudes parentales en el desarrollo infantil.

Por último, es esencial que quienes están a cargo de la toma de decisiones lleguen a las familias vulnerables durante los primeros años, ya que estas son las más difíciles de involucrar en los programas de crianza (obstáculos debido al idioma, ubicación y/o horas de disponibilidad). Al facilitar su participación en los programas de crianza, estas familias tendrán la oportunidad de cambiar algunas de sus conductas y creencias parentales, lo que en última instancia puede proteger a los(as) niños(as) que corren el riesgo de tener malos resultados de desarrollo debido a la vulnerabilidad genética, bajo peso al nacer, bajo estatus socioeconómico, o riesgos ambientales acumulados, entre otros factores.



martes, 12 de marzo de 2019

EL ALCOHOL EN LOS JOVENES



CHARLA EL PERDON






EL PERDON

¿Qué es el perdón?

Dacher Keltner, psicólogo social y profesor de la Universidad de Berkeley, menciona que hay cuatro componentes que nos ayudan a definir y medir científicamente el perdón. El primero es la aceptación de que ha ocurrido la transgresión o daño que alguien nos ha hecho. El segundo, es la disminución del deseo o urgencia de buscar venganza o compensación. El tercero (y sobre todo cuando se trata de conflictos menores o con personas cercanas y que se pueda retomar la relación), es el deseo de acercamiento, disminución en el distanciamiento o evasión de la otra persona. 

Finalmente, el cuarto componente implica un cambio en los sentimientos negativos hacia la otra persona, como por ejemplo el aumento de la compasión y entendimiento de su propio sufrimiento, dolor, ignorancia o confusión que lo haya llevado a herirnos.

Contrario a lo que suele pensarse, el perdón también nos permite establecer los límites que sean necesarios para protegernos de volver a experimentar daño por parte de otras personas. 

 Jack Kornfield, psicólogo y maestro budista, define el perdón como la resolución de no permitir que la transgresión vuelva a suceder, de protegerse a sí mismo y a otros. Perdonar no significa hablar con o relacionarse con la persona que lo traicionó necesariamente. 

No se trata del otro, ni tampoco de un deber. Es una forma de acabar con el propio sufrimiento.

El perdón puede exigir justicia y decir “No más”. Menciona a su vez que no es sentimental ni es rápido. Para él, perdonar es un proceso profundo del corazón que puede llevar un largo tiempo y puede ser difícil, tanto cuando se trata de perdonar a otros como a nosotros mismos. Pero es un proceso que nos libera y nos permite amar.

A su vez, el perdón también involucra el duelo por la pérdida de las cosas que no funcionaron como queríamos y de dejar de esperar un mejor pasado, porque ya pasó, ya está hecho y no se puede cambiar. 

Ese duelo y dolor tienen un gran valor, porque como Kornfield dice “algunas veces las cosas que nos hacen vulnerables son aquellas que dan apertura a nuestro corazón y nos llevan de regreso a lo que más importa, al amor y a la vida”.


miércoles, 20 de febrero de 2019

ESQUEMASMENTALES

Un esquema mental....

 es un patrón organizado de pensamiento e ideas preconcebidas, es nuestra forma particular de pensar y de ver el mundo que guía nuestras emociones y condiciona nuestra conducta de manera inconsciente. Durante nuestros primeros años de vida comenzamos a formarnos ideas sobre nosotros mismos y el mundo mediante nuestro aprendizaje por observación y experimentación, y durante nuestras vivencias vamos construyendo de forma inconsciente nuestras creencias nucleares sobre la vida, las cuales están insertadas en estructuras mentales más o menos estables, los denominados esquemas

La manera de evaluar una situación depende del esquema de cada persona, que selecciona de forma automática los datos que penetran en su conciencia, los que mejor encajen con sus expectativas e ideas aprendidas; sin embargo los datos que no se ajustan a sus estereotipos los considera sospechosos, y tiende a rechazarlos o a modificarlos para que sean coherentes con sus prejuicios. Los esquemas son estructuras dinámicas que codifican lo que percibimos del entorno, instrumentos que asimilan y transforman de forma individualizada nuestra experiencia social.

Los esquemas están formados por conceptos (palabras como ‘política’, ‘educación’ o ‘vergüenza’) que son ideas o símbolos que representan un conjunto de ideas relacionadas en nuestro sistema de procesamiento mental de la información. A través de nuestro aprendizaje vamos formando los diferentes conceptos, agrupando los objetos que comparten similares características. Y poco a poco vamos organizando e integrando conceptos de una palabra en conceptos de varias palabras que forman frases, y después en conceptos cada vez más más amplios que forman párrafos, argumentos, planteamientos… Diferentes planteamientos se integran en modelos mentales que van conformando nuestros esquemas, las unidades básicas para entender e interpretar el mundo en nuestro lenguaje mental.

  El esquema es la representación organizada de nuestra experiencia basada en la repetición de acontecimientos similares, que finalmente establece los patrones que organizan la personalidad humana. Los esquemas son las unidades fundamentales de la personalidad; la forma en que afrontamos las diferentes situaciones vitales basadas en nuestros esquemas mentales determina en gran medida nuestra personalidad.

Cómo se crean los esquemas mentales

El concepto de esquema fue desarrollado por el psicólogo y biólogo suizo Jean Piaget (1896-1980), cuya teoría sobre el desarrollo cognitivo en la infancia del ser humano lo fundamenta en dos procesos innatos básicos: la asimilación y la acomodación. Según Piaget los seres humanos nacemos con un repertorio de conductas reflejas, heredadas, que tras ejercitarlas se van convirtiendo en esquemas mentales que sirven de base para elaborar las posteriores conductas, y después se van modificando de forma continua según las experiencias vividas.

 Mediante ciertas acciones efectuadas por el infante que le son productivas, se van desarrollando sus esquemas, va asimilando o interiorizando cómo comportarse ante un acontecimiento o un objeto particular. Poco a poco, a través de la experiencia, el niño irá de un esquema a otro, modificándolos para poder incorporar nuevos objetos y habilidades, acomodando esos nuevos esquemas o estructuras cognitivas a nuevas situaciones


 La acomodación consiste en la transformación del esquema cognitivo y comportamental del aprendiz para incluir nuevos elementos y experiencias que le eran desconocidas hasta ese momento. A partir de estos procedimientos responsables del desarrollo de la conducta, la asimilación y la acomodación, se establece el proceso adaptativo entre el esquema del niño y el medio en que vive para intentar controlar su entorno, con el objetivo de sobrevivir.
 
El filósofo y psicólogo Juan Delval, en su libro “El desarrollo humano”, describe cómo evoluciona un bebé con reflejos innatos y conductas rígidas y mínimamente diversas, hacia la persona adulta que conseguirá ser, después de ensayar multitud de actividades nuevas y aprender conductas más complejas y flexibles que poco a poco va adaptando a sus diferentes situaciones vitales.

 Los reflejos heredados genéticamente son difíciles de cambiar, y cuando empiezan a modificarse mediante la experiencia entonces se habla de esquemas, que son más flexibles y complejos. Esa sucesión de formas de actuar parcialmente automatizadas va conformando el esquema mental del individuo, que tiende a repetir las mismas acciones en situaciones similares. Los esquemas mentales tienen un elemento aperturista (un factor del entorno elige un esquema) y un elemento efector (que lo ejecuta). Son esquemas de acción que se automatizan por la repetición.

Delval pone varios ejemplos de cómo se crean y transforman los esquemas. Un niño de tres años trata de abrir una puerta moviendo el picaporte y empujándola. Si se abre sabrá que ese esquema que ha puesto en marcha es el más adecuado. Pero cuando el niño se topa con una nueva puerta que se abre hacia él, tendrá que tantear hacia dónde dirige su fuerza y después desplazarse hacia un lado para no entorpecer la apertura de la puerta. En ese momento habrá adquirido un nuevo esquema mental que le permite resolver un nuevo problema. Si un tiempo después se halla ante una puerta corredera, no podrá emplear el mismo esquema de acción que utilizaba con las puertas con bisagras, aunque al principio lo intente sin éxito. 

Entonces pondrá en marcha nuevas estrategias, o repasará en su memoria cómo otra persona abría una puerta corredera e intentará reproducirlo basándose en esquemas anteriores. Si acaba consiguiendo abrir esa puerta habrá desarrollado un nuevo esquema para abrir puertas en general, sin necesidad de volver a emprender diferentes ensayos. Pero si no logra abrir esa puerta corredera, si no encuentra en su repertorio cognitivo ningún esquema adecuado, no será capaz de solucionar esa situación. En ese caso no se habrá establecido un esquema nuevo, el niño no ha podido asimilar, ni después acomodar, la nueva realidad o situación, y por tanto no habrá promovido ningún progreso en su desarrollo.

Para Juan Delval lo importante de observar el desarrollo del bebé y su infancia es que nos enseña cómo se produce el progreso psíquico del niño, que va asimilando su entorno al tiempo que actúa sobre él, acomodándose, ya sea creando nuevos esquemas o combinando los existentes. Mediante la acción basada en la inquietud del niño por aprehender el mundo (atraparlo y comprenderlo), los esquemas del infante se reproducen y diversifican continuamente mientras experimenta y asimila la vida. 

 También ocurre que cuando un niño está en una situación que ya ha vivido, simplemente aplica los esquemas de que dispone, y cuando los emplea repetidamente llega a automatizarse ese proceso, formándose el conocido hábito. Cuando se automatiza un esquema es difícil olvidarlo, como difícil es que nos olvidemos de montar en bicicleta, escribir o cepillarnos los dientes después de haber aprendido a hacerlo con soltura. Si estamos dispuestos a aprender conocimientos nuevos y vivir experiencias desconocidas, la cantidad de nuestros esquemas aumentará a lo largo de nuestra vida, facilitando el proceso de expandir y flexibilizar nuestra tendencia a crear hábitos rígidos.

Los esquemas mentales se van modificando según nuestra experiencia

Para interactuar con nuestro entorno necesitamos elaborar patrones o ideas de él. Esas representaciones de nuestra realidad pueden aludir tanto a grandes temas, como el mundo físico, biológico o social, como a cuestiones más banales como el funcionamiento de una puerta, la organización de un evento deportivo o la conducta más apropiada para los diferentes contextos sociales. 

Estas representaciones o modelos particulares del mundo albergan tanto las dependencias que tenemos con el ambiente, como también los impedimentos que la realidad nos pone para utilizar nuestros esquemas, nuestras habilidades sociales; todo nuestro saber y experiencia está instalado y dispuesto en estos esquemas mentales, que nos permiten comprender la realidad e intervenir sobre ella. 

Pero los diferentes esquemas o modelos mentales no cubren uniformemente la realidad, de hecho pueden ser parcialmente contradictorios entre sí, y se van modificando conforme ampliamos nuestra experiencia, sustituyendo unos esquemas por otros con mejor poder explicativo. A menudo las personas interpretamos un mismo hecho de forma contradictoria dependiendo de nuestra edad, religión, sexo o nacionalidad, sin llegar a activar un esquema racional que facilite una explicación lógica entre el hecho y su contexto. Esquemas diferentes provocan que los lectores de un mismo libro lo entiendan de manera diferente.
La psicología cognitiva trabaja esencialmente con los pensamientos y esquemas mentales del individuo que originan y dirigen su conducta. Confiamos excesivamente en nuestras creencias arraigadas porque nos resulta molesto cuestionarnos a nosotros mismos, es menor el esfuerzo mental de mantener nuestros esquemas almacenados que el trabajoso proceso de cambiarlos. Prestamos atención hacia aquellas partes de la realidad que coinciden con nuestras motivaciones básicas; es decir, nuestros esquemas nos ordenan percibir lo que nos conviene. También recordamos más fácilmente todo lo que se acomoda a nuestras creencias almacenadas, a nuestros esquemas actuales. Por ejemplo, si yo me considero incompetente, recordaré mejor las situaciones en las que me sentí inútil que en las que fui competente o habilidoso. 

Pero tenemos el poder de cambiar nuestra forma de pensar y de crear esquemas más beneficiosos, que nos permitan evolucionar hacia una realidad más satisfactoria y adaptada a nuestro proyecto de vida. Para ello debemos desear cambiar nuestra forma de pensar sobre ciertos aspectos que nos perturban, con voluntad, pero también siendo conscientes de que el cambio provocará ansiedad porque sacudirá nuestra identidad. Debemos estar dispuestos a renunciar a la definición que hemos construido de nosotros mismos durante años en determinados contextos, y mentalizarnos de que la ansiedad e incomodidad del principio son necesarias para remover nuestros esquemas y lograr cambiar los pensamientos negativos, responsables de las emociones destructivas, por otros esquemas resistentes a las enfermedades psicológicas.

miércoles, 13 de febrero de 2019

LA DEPRESION



¿Qué es la depresión?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la depresión es la cuarta enfermedad que más incapacidad provoca en el mundo.

Asimismo, la OMS considera que su frecuencia aumentará en los próximos años y que pasará del cuarto puesto al segundo en esta lista de enfermedades que generan más incapacidad.

La depresión es la enfermedad psiquiátrica más frecuente. Cerca del 20% de las personas padecen a lo largo de su vida una depresión. El 70% de los pacientes con depresión son mujeres. Puede sufrirse una depresión a cualquier edad.


Subtipos de depresión

Clasificamos la depresión en cuatro subtipos: Depresión mayor, distimia, trastorno adaptativo, otros trastornos depresivos.
  • Depresión mayor. Los síntomas depresivos son intensos y aparecen en forma de episodios (semanas o meses).
  • Distimia (o trastorno distímico). Los síntomas depresivos son menos intensos, pero son muy incapacitantes por ser crónicos (duran como mínimo dos años).
  • Trastorno adaptativo. Los síntomas depresivos son leves, están presentes durante un período breve de tiempo y se deben a algún problema (factor estresante agudo) que ha sufrido el paciente.
  • Otros trastornos depresivos. En este apartado hay que incluir los síndromes depresivos que pueden formar parte del conjunto de síntomas de otras enfermedades psiquiátricas (por ejemplo, el trastorno bipolar) y no psiquiátricas (por ejemplo, anemias, esclerosis múltiple, hipotiroidismo).

Diagnóstico

Ningún síntoma garantiza el diagnóstico por sí solo. Algunas personas depresivas experimentan muy pocos síntomas, otras en cambio presentan un amplio número de síntomas. La gravedad de los síntomas también varía mucho de unos pacientes a otros. Además en la actualidad no existe ninguna técnica diagnóstica útil para realizar este diagnóstico. Ni las técnicas de neuroimagen (escáner, resonancia, radiografía), ni el electroencefalograma, ni los análisis de sangre, permiten detectar ninguna anomalía característica de los trastornos depresivos.

Síntomas
  • El síntoma más característico de las depresiones es la tristeza. La tristeza en el paciente depresivo presenta unas características específicas que la diferencia del sentimiento de tristeza no patológico: 
    • Intensidad superior a la esperable para la situación ambiental en la que se encuentra el sujeto.
    • El paciente la describe como diferente a otras experiencias tristes que hubiera podido sufrir previamente, y existe mayor sensación de pérdida de control y gran dificultad o incluso imposibilidad para motivarse por otras cuestiones que no sean el foco de su tristeza."
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  • Lentitud de movimientos, gesticulación facial y corporal escasas, sensación de fatiga, irritabilidad, llanto fácil, temor a la toma de decisiones, pérdida de apetito.
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  • Insomnio: muy característico de las formas más graves, es lo que llamamos “despertar precoz” (se duerme bien las primeras horas de la noche y después, ya de madrugada, el paciente se despierta y ya no puede volver a conciliar el sueño).
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  • Gran dificultad para pensar, bradipsiquia. No es exclusivo de las depresiones, sino que también puede observarse en otras enfermedades. En personas de edad avanzada, esta dificultad para pensar propia de las depresiones puede llevar a diagnósticos erróneos de demencia.
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  • Un síntoma particularmente grave es la anhedonía, que consiste en una dificultad enorme para disfrutar de las situaciones y condiciones de la vida que antes de enfermar producían placer en la persona. No sólo hay falta de motivación, sino que el paciente, incluso teniendo delante algo agradable, no puede disfrutar con ello.
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  • Síntomas físicos, como dolor de cabeza, molestias digestivas, dolor generalizado, etc.
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  • Pensamientos pesimistas, con aumento de sentimientos de culpa por cosas hechas en el pasado. En casos graves las ideas pesimistas pueden llegar a ser delirantes (es decir, sin ninguna lógica); por ejemplo, asegurar que se va a arruinar (cuando su situación económica es holgada) o asegurar que en breve padecerá una enfermedad grave (sin tener ningún síntoma que lo haga pensar).
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  • Pensamientos relacionados con la muerte, bien en forma de “sería mejor estar muerto”, o bien, y entonces aumenta mucho el riesgo de suicidio, planificando el método de cómo quitarse la vida.

Criterios diagnósticos

La ausencia de técnicas diagnósticas objetivas hace que el diagnóstico de depresión se realice teniendo en cuenta, exclusivamente, la información que el médico obtiene durante la entrevista con el paciente (y con familiares o personas allegadas).
La comunidad médica internacional ha consensuado unos criterios clínicos para establecer el diagnóstico de depresión. Estos criterios diagnósticos están recogidos en un manual denominado DSM-IV.

Criterios diagnósticos de depresión mayor:
Presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un período de dos semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa; uno de los síntomas debe ser el síntoma 1 o el síntoma 2.
  1. Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (por ejemplo, se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (por ejemplo, llanto).
  2. Disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día.
  3. Pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (por ejemplo, un cambio de más del 5 % del peso corporal en un mes) o pérdida o aumento del apetito casi cada día.
  4. Insomnio o sueño excesivo casi cada día.
  5. Inquietud o lentitud casi cada día.
  6. Fatiga o pérdida de energía casi cada día.
  7. Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o incoherentes casi cada día.
  8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día.
  9. Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse.

Criterios diagnósticos de trastorno distímico:
A. Estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día de la mayoría de los días, manifestado por el sujeto u observado por los demás, durante al menos dos años.
B. Presencia, mientras está deprimido, de dos (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Pérdida o aumento de apetito.
  2. Insomnio o sueño excesivo.
  3. Falta de energía o fatiga.
  4. Autoestima baja.
  5. Dificultad para concentrarse o para tomar decisiones.
  6. Sentimiento de desesperanza
C. Durante un período de dos años, el sujeto no ha estado sin síntomas de los criterios A y B durante más de dos meses seguidos.
D. Los síntomas causan un malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Criterios diagnósticos de trastorno adaptativo:
A. La aparición de síntomas emocionales (por ejemplo, se siente triste o vacío) o conductuales en respuesta a un factor estresante identificable tiene lugar dentro de los tres meses siguientes a la presencia del factor estresante.
B. Estos síntomas o comportamientos se expresan, clínicamente, del siguiente modo:
  1. Malestar mayor de lo esperable en respuesta al factor estresante.
  2. 2.Deterioro significativo de la actividad social, laboral o académica.
C. Una vez ha cesado el factor estresante (o sus consecuencias), los síntomas no persisten más de seis meses.


Causas de la depresión
A pesar del enorme interés que se ha dedicado al conocimiento de las causas de las depresiones, todavía no conocemos con exactitud los mecanismos causantes de las mismas. Se considera que hay diversos factores implicados.
  1. Factores relacionados con la personalidad del paciente. Presentar un carácter con alguna cualidad extrema (inseguridad, dependencia, hipocondría, perfeccionismo, autoexigencia) predispone a padecer depresiones.
  2. Factores ambientales. Sufrir algún problema (económico, familiar, de salud) predispone a padecer un trastorno depresivo.<
  3. Factores biológicos: sobre este punto, se deben destacar diversos aspectos:
    • Alteraciones cerebrales. Una alteración en el funcionamiento de dos áreas del cerebro (área frontal y área límbica) motivan la aparición de un trastorno depresivo. No existe una lesión anatómica visible.
    • Alteraciones en neurotransmisores. Para que el cerebro funcione correctamente debe existir una comunicación correcta entre las diversas neuronas del cerebro. Las neuronas se comunican a través de unas moléculas denominadas neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina. En la depresión la conexión neuronal mediante neurotransmisores no funciona bien. Los antidepresivos ayudan a normalizar este problema.
    • Alteraciones genéticas. Dado que es más fácil que una persona padezca una depresión si tiene algún familiar que haya presentado alguna depresión, se cree que tener según qué genes predispone a padecer una depresión. No obstante, por el momento no se conoce qué genes provocan la aparición de esta enfermedad.

Por tanto, es muy importante destacar que aunque es más fácil padecer una depresión si se ha tenido algún problema recientemente o si algo de nuestro carácter dificulta el hecho de enfrentarnos al día a día, también es posible padecer una depresión de forma espontánea (de la misma manera que podemos padecer una apendicitis o una diabetes).

La depresión


Evolución de la depresión

¿Se curan completamente las depresiones?
Se deben considerar dos aspectos:
  • Las depresiones tienen tendencia a ser recurrentes (es decir, se suele producir más de un episodio). Por el momento no disponemos de ningún tratamiento que evite al 100% las recaídas. En consecuencia podríamos decir que no sabemos curar las depresiones.
  • Aproximadamente el 80-85% de los episodios depresivos remiten con el tratamiento apropiado, o lo que es lo mismo, entre el 15-20% de los pacientes con depresión no se curan completamente de su episodio depresivo.

Tratamiento
Hay diversos tipos de depresión, el tratamiento variará de un paciente a otro. Aunque existe un razonable consenso en el tratamiento primordial de los trastornos depresivos, cada paciente requiere un abordaje específico.
Hay dos tipos de tratamientos relevantes en el abordaje terapéutico de los trastornos depresivos: el tratamiento psicológico y el tratamiento biológico.
El peso que en cada paciente tendrá uno u otro tipo de tratamiento dependerá esencialmente del tipo de trastorno depresivo:
  • La depresión mayor parece ser una enfermedad con un componente biológico muy importante. Esto permite justificar que el tratamiento farmacológico sea más importante que el psicológico.
  • En el trastorno adaptativo, en el que existe una dificultad para afrontar una situación estresante real, el tratamiento psicológico es especialmente relevante.
  • Por lo que respecta a la distimia, existiría una causa biológica, junto a aspectos de carácter que limitan la capacidad del paciente para afrontar los diversos conflictos del día a día. Por este motivo, el tratamiento combinado farmacológico y psicológico suele ser el indicado.

Tratamiento psicológico
La terapia psicológica cognitivo-conductual y, en menor medida, la terapia psicológica interpersonal, han demostrado su eficacia como técnicas terapéuticas en el tratamiento de los diversos trastornos depresivos.
El tratamiento psicológico tiene tres objetivos principales:
  • El tratamiento de los síntomas depresivos propiamente dichos.
  • Si existen rasgos de personalidad que han predispuesto a la aparición del episodio depresivo, la modificación de dichos rasgos de personalidad.
  • El aprendizaje de estrategias de identificación precoz de los síntomas y de prevención de recaídas.

Tratamientos biológicos
En lo referente a las terapias llamadas biológicas, se deben destacar los dos tratamientos siguientes: farmacológico y electroconvulsivo.

Tratamiento farmacológico
Los antidepresivos actúan normalizando el funcionamiento de los neurotransmisores. Se agrupan en diferentes subtipos en función de sobre qué neurotransmisor ejercen su acción.
Los primeros antidepresivos (década de los 60), si bien eran muy eficaces, presentaban muchos y desagradables efectos secundarios. La continua investigación ha permitido que en el curso de los últimos años se haya descubierto un amplio número de nuevos fármacos antidepresivos de uso fácil, de eficacia elevada y con efectos secundarios muy escasos. De la gran variedad de antidepresivos existentes en el momento actual no es posible afirmar qué antidepresivo es el mejor.

Los antidepresivos más usados en la actualidad tienen las siguientes características:
  • Eficacia elevada. Aproximadamente el 60% de los pacientes presenta una remisión completa de la clínica con el tratamiento farmacológico.
  • Administración cómoda, habitualmente una vez al día.
  • Escasas interacciones, es decir, se pueden recetar en combinación con prácticamente cualquier otro fármaco, como los antihipertensivos, los antidiabéticos, los analgésicos o los antibióticos.
  • No producen dependencia.
  • Efectos secundarios escasos y de poca intensidad.

Los antidepresivos actúan normalizando el funcionamiento de los neurotransmisores. Se agrupan en diferentes subtipos en función de sobre qué neurotransmisor ejercen su acción: serotonina, serotonina y noradrenalina, noradrenalina.
  • Actúan principalmente sobre la serotonina (inhibidores selesctivos de la recaptación de serotonina) los fármacos sigüientes: fluvoxamina, fluoxetina, paroxetina, sertralina, citalopram, escitalopram, clomipramina y mirtazapina.
  • Los siguientes fármacos actúan principalmente sobre la noradrenalina y la serotonina: imipramina, nortriptilina, venlafaxina y duloxetina.
  • Y por último la reboxetina actúa principalmente sobre la noradrenalina.
En la actualidad disponemos de muchos antidepresivos con escasos efectos secundarios. También es importante destacar que todos los efectos secundarios que puede producir un antidepresivo son reversibles, es decir, independientemente de cuánto tiempo se haya tomado, tras dejar de tomarlo desaparece el efecto secundario, sin dejar nunca secuela.
Debemos destacar, por ser dos ideas erróneas ampliamente extendidas en la sociedad, que:
  • Los antidepresivos sólo producen somnolencia en un 5% de los casos. Las pocas veces que producen sueño, lo hacen de forma leve, sin impedir el funcionamiento normal del paciente.
Los antidepresivos habitualmente no engordan. Sólo se observa aumento de peso en el 10% de los pacientes (y el aumento de peso raramente alcanza los 4 o 5 kilos).

Probablemente el inconveniente más importante de los fármacos antidepresivos actuales es que tardan varias semanas en hacer efecto. Normalmente no se observa la mejoría clínica hasta la tercera o cuarta semana de tratamiento, y alcanzan su máxima eficacia a las 10-12 semanas.


Tratamiento electroconvulsivo
El tratamiento electroconvulsivo (o electroshock) es el tratamiento más eficaz en la depresión mayor muy grave. No obstante, algunos aspectos como su uso indiscriminado e inadecuado en el pasado o la utilización caricaturizada en películas con el objetivo de impactar, han motivado un rechazo social a este tratamiento.
En la actualidad, su aplicación se realiza en condiciones sanitarias adecuadas, sin implicar ningún tipo de dolor ni efecto secundario grave para el paciente. Si bien se han propuesto muchas explicaciones para entender el porqué de su eficacia, hasta el momento no ha podido demostrarse el mecanismo por el cual tiene un efecto antidepresivo tan potente.
Dado que el tratamiento electroconvulsivo se realiza con anestesia general, su uso se limita a casos muy graves de depresión mayor en los que el paciente no ha respondido previamente al tratamiento farmacológico.


Complicaciones
Tres son las complicaciones más frecuentes de la depresión: la cronificación de los síntomas, las recaídas y el suicidio.

Cronificación de los síntomas
La cronificación de un trastorno depresivo es frecuente. Aproximadamente el 15% de los pacientes que sufren depresiones presenta un curso crónico.
Tienen más tendencia a la cronicidad cuando se dan una o dos de las siguientes circunstancias:
  • Hay factores estresantes crónicos (problemas de salud, problemas económicos, problemas familiares, etc.).
  • El paciente tiene rasgos de personalidad que dificultan el hecho de enfrentarse con tranquilidad al día a día.
  • Por el contrario, las depresiones que empezaron espontáneamente, es decir, sin ninguna causa aparente, son las que con menor frecuencia se cronifican.

Recaidas
Los trastornos depresivos (en especial la depresión mayor y el trastorno distímico) son enfermedades con tendencia a la recaída.
Se considera que aproximadamente el 70% de los pacientes que sufren un episodio depresivo presentarán algún otro episodio depresivo a lo largo de la vida.
Un 50% presentará un segundo episodio ya en los dos primeros años tras la recuperación.
A mayor número de episodios depresivos padecidos, mayor es la posibilidad de una nueva recaída.
Esta elevada tendencia a la recaída es la que justifica que el tratamiento de la depresión se prolongue durante mucho tiempo: finalizado el episodio depresivo es necesario continuar el tratamiento a medio o a largo plazo si queremos evitar futuras recaídas.
Cuanto más tiempo esté un paciente sin síntomas más probable es que no haya recaídas rápidas tras suspender el tratamiento.

Suicidio
Los suicidios, y especialmente los intentos de suicidio, son una complicación frecuente en la depresión. Algunos datos relevantes al respecto serían estos:
  • Las personas con depresión presentan un riesgo de suicidio 30 veces superior a la población general.
  • Aproximadamente un 15% de los pacientes que padecen una depresión realizan algún intento de suicidio.
Si bien no siempre es posible prever el suicidio, tienen mayor riesgo suicida:
Las personas mayores de 60 años, los varones, las personas no creyentes, las personas viudas, las personas paradas, las personas jubiladas, las personas toxicómanas, las que padecen otras enfermedades, las sometidas a estrés y si padecen aislamiento social.
La presencia de ansiedad intensa y/o la existencia de sentimientos de culpa y/o de desesperanza deben ser considerados como síntomas que aumentan de forma importante el riesgo de suicidio.

Autor: Forum Clínic