martes, 28 de noviembre de 2017

La depresión blanca o blues de Navidad



Es esa época del año donde parece que, tanto los medios de comunicación como tu entorno más cercano, quieren imponerte que seas feliz a toda costa, ames a tu familia y llenes todo de comida grasienta, adornos y regalos que muchas veces no te puedes permitir. Todo parece obligatorio. Gastarse mucho dinero, sonreír sin ganas, ver a gente que no deseas, preparar cenas que no tienes ningún deseo de compartir. Suele ocurrir que, entonces, ante tal perspectiva, muchas personas sientan que una gran tristeza y desánimo les invade. A esto se le conoce como depresión blanca o blues de navidad. No es un trastorno como tal, es un estado de ánimo negativo que ciertos estímulos exteriores nos induce a él.

¿Qué síntomas padece alguien con depresión blanca o blues de Navidad?

Enorme tristeza
Nostalgia
Falta de apetito
Alteraciones del sueño
Ansiedad en grado leve

Como pueden ustedes observar, los síntomas no difieren de una depresión típica. Posiblemente el punto clave se encuentre en la nostalgia. El aquejado de la depresión blanca añora con todas sus fuerzas tiempos pasados. Épocas en las que la Navidad era un momento mágico, lleno de risas, regalos y ninguno de la familia faltaba a la mesa en la cena de Nochebuena.

El individuo no acepta los cambios del paso del tiempo, que se hacen más evidentes, en épocas navideñas donde los encuentros, supuestamente entrañables con la familia, han de producirse obligatoriamente. Podríamos decir que la sociedad intenta dirigirnos hacia lo que se considera una vida normal en estas fechas. Si no puedes conseguirlo te sientes diferente al resto de la manada, ya no eres normal, estás fechas te estresan y deseas que acaben cuanto antes.

Otro punto clave, que nos llevaría a padecer la depresión blanca, son los problemas económicos. Tanto en casa como por la calle, recibimos estímulos para que consumamos lo más posible. Hay que cenar cordero, lechón, besugo…no puede falta la bebida a raudales y en Reyes regalos caros para todos.
Es una terrible presión que no todos saben gestionar adecuadamente, lo que lleva a que muchas personas se sientan angustiadas y deprimidas. “Si no hago todo lo que la sociedad y medios de comunicación dicen, mi familia será infeliz y yo un fracasado” podría ser una de las muchas frases que se pasean por la mente de quien sufre el blues de la Navidad. En muchos casos incluso se llegan a pedir pequeños créditos, a altísimos intereses, para poder cumplir los deseos que, a fin de cuentas nunca fueron de usted sino creados por los medios de comunicación y la presión social.

¿Cómo podemos evitar la depresión blanca o blues de la Navidad?

Lo primero es identificar que tenemos un pequeño problema en estas fechas y hacérselo saber a los más allegados. Si nos afecta demasiado en nuestra vida cotidiana acudir a un especialista que nos marque las pautas a seguir. La comunicación es esencial en este tipo de asuntos, comentar como se siente, y llegar a un consenso sensato con la familia para evitar que la situación se agrave. Es importante no dejarse arrastrar por la mayoría. Relajar nuestra mente, tomar aire y pararnos a pensar que podemos permitirnos y que queremos hacer. Llegar a un acuerdo entre lo que se quiere y lo que se debe es el punto perfecto para derrotar la ansiedad que nos atenaza en estas situaciones.

¿Qué más trastornos podemos sufrir con la llegada de la Navidad?

Las Compras compulsivas. En realidad, no es un problema que surge en Navidad y con el fin de las fiestas se termina. Normalmente es un trastorno que está latente desde hace mucho tiempo dentro del individuo, que se despierta de manera más voraz, durante las épocas de mayor consumo como son las rebajas o las fiestas navideñas. Quienes sufren este trastorno suelen comprar más para otras personas o el hogar que para sí mismas. No les mueve el deseo de poseer cosas, sino una profunda insatisfacción personal que solo calman realizando compras compulsivas. Evidentemente será una calma muy perecedera, que vendrá de la mano de la frustración y enfado por no haberse podido contener. Normalmente el resto de la familia se dará cuenta de la situación cuando la economía se vea seriamente resentida.

También hay un aumento de la ansiedad o fobia social, o bien sale a la luz en estas épocas donde se debe interactuar mucho con los demás, o se acentúa si ya se lleva un tiempo padeciéndola. La persona sufre doblemente, por un lado cuando piensa compulsivamente en los acontecimientos venideros, creándole una gran angustia, y cuando se está produciendo el evento. En muchas ocasiones pueden llegar a bloquearse mentalmente y beber en exceso para aminorar la ansiedad. Cómo ya hemos aconsejado en otras ocasiones, si su estado de ansiedad le impide realizar las actividades normales de todos los días, acuda al terapeuta. Sin duda encontrará la serenidad deseada con las recomendaciones y pautas que le enseñaran ,para afrontar aquello que más le inquieta, con la mayor entereza posible.

¿Qué otras fobias podemos encontrarnos asociadas a la navidad?

Miedo a comer en público, tiene que ver con la fobia social de la que hemos hablado antes. La persona se siente insegura para realizar cualquier cosa que piense pueda ser juzgada por los demás, como comer delante de otros. Es signo de gran inseguridad.
 
Liguirofobia, injustificado temor a los sonidos fuertes como el estallido de un globo, el descorche de una botella de cava o petardos, imagínense ustedes la angustia de quien lo padece cuando llegan estas fechas.
 
Afenfosfobia, terror a ser tocado, en una época como la navideña, donde la mayoría se desinhibe casi cono solo oler un corcho de sidra, los abrazos, besos y esos etílicos “Si yo te quiero mucho en realidad” están a la orden del día. Una persona que sufre esta fobia no soporta ni siquiera la idea de que alguien invada su espacio vital.
 

En estos casos ya estaríamos hablando de problemas más importantes que necesitan un tratamiento continuado. La depresión blanca o blues de la Navidad no deja de ser algo estacionario, que pasará apenas termine estas fechas y usted pueda volver a la rutina diaria. No se desanime, y no deje de consultar a un especialista en el caso de que los síntomas continúen o se acentúen tras el fin de la Navidad.

martes, 21 de noviembre de 2017

¿Qué es el Trastorno de Estrés Postraumático?



El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) es una severa reacción emocional ante una experiencia negativa extrema. Se desarrolla cuando la persona ha sido expuesta a algún suceso traumático en los que ha visto amenazada su integridad física o psicológica, bien sea a sí mismo o de alguien más, tales como: maltratos físicos, abusos sexuales, amenazas, accidentes, la muerte de alguien, maltrato psicológico o emocional -como el acoso laboral (mobbing) o escolar (bullying)-, catástrofes, guerras…

Esta experiencia vivida con un nivel de intensidad tan grande en las que el cerebro no puede elaborar vías de escape, ni tener el control, y en la que es imposible descargar tanta excitación, puede originar patologías y algunos trastornos de ansiedad duraderos.

El TEPT puede afectar a personas de todas las edades y no sólo a la persona que lo padece, sino por ejemplo, si le ocurre a una madre o padre puede tener consecuencias negativas para el desarrollo del niño, además de los problemas relacionales que comporta.

Los síntomas más característicos del Trastorno de estrés postraumático son:
  • Revivir involuntariamente aspectos la experiencia negativa de un modo muy real y perturbador; por ejemplo, mediante flashbacks, explosiones de imágenes en los que siente como si la experiencia estuviese ocurriendo de nuevo, o bien a través de pesadillas repetitivas.
  • Muestras de hiperactivación: respuestas exageradas de sobresalto, mostrarse hipervigilante hacia amenazas, miedo constante, problemas para concentrarse. Incluye también síntomas fisiológicos como problemas digestivos, de sueño, con la alimentación, dolores musculares….
  • Evitación en todo aquello que recuerda al hecho o bien situaciones y circunstancias asociadas, incluyendo personas, lugares o actividades. Evitar también pensar o hablar sobre ello con nadie.
  • Decirse constantemente lo que podría haber hecho para evitarlo o culpabilizarse (por ejemplo, por qué les ocurrió a ellos, por qué no hicieron algo para impedirlo, cómo podían haberse vengado, por qué fueron a tal sitio ese día…).
  • Insensibilidad emocional, como por ejemplo, sentir una falta de capacidad para vivir sentimientos, sentirse aislados de los demás, no encontrar satisfacción en actividades que antes eran gratificantes.
  • Incapacidad para recordar partes importantes del suceso traumático.
  • Estar irritable o tener arrebatos de furia como agresiones verbales o incluso físicas contra personas u objetos.
Los síntomas suelen desarrollarse tras el suceso traumático, aunque en algunas personas el comienzo de éstos puede retrasarse. A pesar de presentar un intenso malestar, algunos pacientes no acuden a tratamiento hasta meses o años después del inicio de la sintomatología. Sin embargo, es un trastorno tratable incluso cuando se presentan los problemas años después del suceso traumático que lo originó.


Escuchando a mi cuerpo: el proceso de enfoque corporal



    A lo largo de nuestra vida muchas veces nos encontramos ante situaciones en las que no sabemos qué hacer,  desde algunas más triviales, “no se si ponerme esta ropa o esta otra”, hasta aquellas que pueden tener una mayor trascendencia en nuestra vida, como decidir qué carrera quiero estudiar o elegir una pareja.

    Sin embargo en todos los casos, aunque aparentemente no sepamos qué es lo que queremos, en el fondo si lo sabemos, nuestro cuerpo lo sabe y no tenemos más que prestarle atención y escuchar lo que nos quiere decir para tomar la decisión que es  mejor para cada uno de nosotros. Este proceso los niños saben hacerlo de una manera natural y los adultos podemos reaprenderlo, de hecho muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta. Por ejemplo, imaginemos que estamos en el tren, sentados en nuestro asiento esperando a que arranque, sin embargo tenemos la sensación de que olvidamos algo importante pero no sabemos qué es, a la vez notamos en el cuerpo un cierto desasosiego. Y de repente recordamos lo que es, “¡las llaves de casa!”, y en ese momento notamos en el cuerpo como una sensación de  alivio. Lo que ha ocurrido es un proceso que nos ha permitido acceder a lo que tenemos en nuestro interior: Intuimos corporalmente (desasosiego)  lo que hay aunque aún no “recordamos” de que se trata, pero al encontrar el significado (he olvidado las llaves) de esa sensación corporal se produce un cambio en nuestro cuerpo (alivio). A este proceso le llamamos “focusing” o proceso de enfoque corporal.

   Dentro de mi cuerpo están los significados de mi ayer (mis experiencias pasadas), los significados de mi futuro (mis proyectos), todos ellos sentidos en mi presente, en mi aquí y ahora, relacionados con mis experiencias. Están en esa zona limítrofe entre lo inconsciente y lo consciente. El focusing nos permite acceder a todo ello, a lo implícito que tenemos en nuestro interior, a nuestra fuente. Y, además, al conseguir otorgar significado a esa sensación corporalmente sentida que surge como globalidad, el cuerponos indica un nuevo pasa hacia delante. Nos enseña el camino hacia donde dirigirnos.

    Para que este proceso experiencial se dé, es preciso que haya una cierta actitud por parte de la persona que esta enfocando, unaactitud de amabilidad, bienvenida y saludo a todo lo que llega, de aceptación de todo lo que hay. Sería algo así como una aceptación incondicional con uno mismo.  Se trata de crear un espacio interior, de seguridad, en el que la persona puede sentir que es más que sus problemas, un espacio en el que se des-identifique de estos.

     Volviendo al comienzo de este artículo, cuando estamos ante una situación en la que no sabemos qué hacer y eso nos causa desasosiego o incluso angustia o ansiedad, podemos mirar al interior de nuestro cuerpo, con una actitud amable y cariñosa hacia nosotros/as mismos/as y ver que hay relacionado con “todo eso que nos esta pasando”, escuchando con amabilidad, paciencia y curiosidad a nuestro cuerpo, dejando que se genere la sensación corporal relacionada con ”todo eso” que estamos enfocando y después de estar con esa sensación un rato, dándonos cuenta de cómo es le preguntamos, cómo nos hace sentir todo esto y miramos a ver si la respuesta que nos da nuestro cuerpo resuena con la sensación y cuando por fin encaja, notamos un cambio corporal y sentimos como un alivio al haber dado por fin con el significado que estaba implícito (tal vez había miedo a equivocarme, tal vez tristeza, rabia, una mezcla de ambas…), y eso produce en nosotros/as un ir hacia delante, genera un proceso corporal que cambia la sensación, nos autopropulsa y nos enseña el camino hacia donde dirigirnos.Y para finalizar el proceso, agradecemos a nuestro cuerpo todo eso que nos ha mostrado y lo guardamos en un sitio seguro, protegido de juicios y valoraciones, para poder volver a ello cuando queramos.

Esto sería, aproximadamente, la descripción de un proceso de enfoque corporal o focusing.

     Este proceso se facilita si se hace acompañado por otra persona. Si hacemos “autofocusing” podemos llegar a sentir la sensación sentida… a encontrar un significado… sin embargo el profundizar en el proceso experiencial realmente se produce en la interacción con el/la otro/a… sintiendo su presencia, su aceptación, su validación… Muchas veces no podemos sentirnos con nosotros/as mismos/as, con una mirada amable, de aceptación, sin juzgar… y necesitamos ese estar en presencia de la otra persona…con su mirada amable y de aceptación hacia lo que nos viene y que nos diga: “¡Claro que puedes sentir eso!

    Así, el focusing permite aprender a aceptar lo que es, sin juicio de valor, saludándolo… nos ayuda a relacionarnos con aquellos aspectos nuestros que menos nos gustan. Gendlin, el “padre” del focusing, decía: “Lo que es verdad, ya lo es. El admitirlo, no lo hace peor”. Y ciertamente es así, el focusing nos permite conectar con nuestra fuente interna y esto hace que nos sintamos más en contacto con nosotros mismos y más auténticos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

El primer paso: Amarse a uno mismo

 
Amarse a uno mismo 
es el comienzo de una aventura
 que dura toda la vida. Oscar Wilde.
 
 
     Quiérete, ámate a ti mismo, es un mensaje que muchas veces solemos oir, que nos dicen nuestros amigos, nuestros padres, nuestra pareja también,… en los libros de autoayuda, en los mensajes de texto del facebook, en esas frases bonitas como la que acabo de escribir con anterioridad, …parece que diciendo esto ya te has de querer, con tan sólo escuchar estas palabras, es como si todo de repente cambiase y te quisieras,… ¿es así? seguramente no. 
 
     Quizás ayude, en ese momento que te lo dicen incluso te veas con corage de amarte a ti mismo, sientas esa fuerza interna que te viene por recordar todas las veces que no lo has hecho,… pero ¿qué pasa luego? no es suficiente con este mensaje que aunque conciso y motivador, no suele causar efecto mágicamente. Porque acompañado de este magnífico imperativo de auto-amor, estaría bien incluir dos preguntas que nos pueden orientar a la hora de emprender esta aventura, como cita Oscar Wilde: ¿qué significa quererse a uno mismo? o mejor dicho, ¿qué significa para mí quererme a mí mismo? y ¿cómo me quiero a mi mismo? 
 
      Porque es muy fácil y produce muy poco esfuerzo pronunciar estas palabras: ¡tienes que quererte más¡ eso te pasa porque el primero que no te quieres eres tu! muchas gracias por la obviedad, ¿pero cómo lo hago y qué significa para mí? muchas personas tienden a asociar amarse a uno mismo, con parecer egoístas y/o egocéntricos, les parece que priorizarse puede resultar dañino para el otro, que no serán lo que los otros esperan de ellos o que provocarán un conflicto !Si presto atención a mis necesidades, desatiendo las del otro! ¿qué pensarán de mi? ¿qué imagen voy a dar al otro? pensará que no le quiero,…. estas son algunos de los interrogantes y frases que se nos pueden venir a la mente cuando intentamos amarnos a nosotros mismos… qué paradójico ¿cierto?
 
      Es como si nos moviéramos en el universo del blanco y del negro, donde no hay grises. Amarte tu pone en riesgo amar al otro, atender tus necesidades esta en contra de atender a las del otro, priorizar tus deseos significa ser egoísta y no mirar por el bien de los demás, poner límites quiere decir no cuidar al otro. Es más probable que la integración de lo que aparentemente parecen opuestos genere nuevas alternativas de acción, que seguir viviendo en una cara u otra de la moneda, donde una y otra vez nos sentimos atrapados teniendo que elegir ser bueno o ser malo, interiorizando así que no hay más opciones de respuesta.
 
    Os dejo algunas recomendaciones a nivel general que creo que pueden servir para emprender o continuar esta aventura de amarse a uno mismo y saber qué significa para ti esto. No es mi intención, ni mucho menos, pretender dar fórmulas mágicas, porque no existen, (existe la magia pero la que cada uno crea y siente en su interior), y además va a depender de múltiples factores que lo que yo escriba te pueda ayudar o no, pero bueno, eso cada uno lo puede reflexionar personalmente.
 
  1. Presta atención a tu diálogo interno contigo mismo 
 
     Todos nosotros hablamos con nosotros mismos constantemente. Desde que salimos del estado de sueño por las mañanas (aunque en los sueños a niveles inconscientes también es posible que nos envíemos mensajes), hasta que nos vamos a dormir por la noche. Quizás no nos demos cuenta, pero eso no significa que cada segundo nos estemos enviando mensajes y manteniendo una conversación durante todo el día con nosotros mismos. Si no le prestamos atención a lo que nos decimos, seguramente dejemos pasar muchas “barbaridades” y frases lapidarias que nos minan nuestro autoconcepto y autoestima cada segundo del día. 
 
     Y puede ocurrir en todas la áreas de nuestra vida, desde el ámbito familiar, social, laboral, personal, por ejemplo: ¿deberías haber hecho esto… tendrías que haber dicho lo otro,… cómo es posible que hayas hecho,…? ¿pero se puede ser más….? !no me puedo permitir cometer más errores!, esto te pasa por…; nunca logras lo que te propones,….todo me sale mal,….; etc…. seguro que aquí a cada lector le vienen frases épicas a su mente, ya que cada uno creamos nuestro propio circo interno. Pues bien, esto nos hace mucho daño, y lo peor de todo, es que puede resultar invisible. Mi propuesta es que primero de todo prestemos atención a cómo nos hablamos a nosotros mismos y en qué términos (por ejemplo: todo, siempre, nunca, debería, tendría,…) son palabras taxativas que impiden la flexibilidad y la búsqueda de excepciones, imperativos que no dejan margen a la compasión y al perdón internor. Y en segundo lugar que en la medida que podamos sin prisas, y respetando nuestros tiempos y nuestro momento, una vez identificadas las frases y palabras, las modifiquemos o sustituyamos por un lenguaje más comprensivo, y más respetuoso con nosotros mismos.
 
 2. No seas tu peor juez
 
     Esta recomendación va muy relacionada con la anterior.  ¿Eres tu peor carcelero? ¿eres un juez restaurativo o punitivo? ¿castigador o comprensivo? No hay peor juez que el cada uno llevamos en nuestro interior. Por eso, reflexiona, ¿cómo te juzgas a ti mismo? Nuestras valoraciones también tiene que ver con si pensamos que nos merecemos o no el castigo. Quizás no nos hemos perdonado por algo y cumplimos una sentencia eterna. O quizás nos hemos creído (por varias razones) que somos “malos”, “indignos” y que no merecemos ser tratados con justicia o respecto. Por eso,… también os invito a reflexionar.
 
3. Sé coherente con lo piensas – sientes – haces
 
      Básicamente esta invitación consiste en no traicionarse a uno mismo. No sé si hay peor traición que la que te puedes llegar a autoinflingir si vas en contra de una emoción o de una creencia, un pensamiento o un valor importante para ti. Y si lo haces almenos, por pedir algo, que seas consciente de ello y que lo estás haciendo a sabiendas que te estás traicionando, aunque poco saludable, pero un grado más, que hacerlo sin la menor consciencia de las consecuencias que ello puede conllevar.
 
4. Identifica tus emociones e intenta aceptarlas 
 
      Cómo no, no podía faltar esta recomendación. Las emociones! la gran perturbación del ser humano! Como no interesa que sepamos gestionarlas porque así nos enferman, y así alimentamos a las grandes empresas y farmacéuticas, pues tampoco se ocupan mucho de implantar planes educativos donde aprender y entrenarnos para que sean nuestras aliadas y no nuestras enemigas, aunque lo de enemigas lo creamos nosotros mismos al no saber a veces qué hacer con ellas. Pero bueno,… centrándome en el tema que me ocupa, esta invitación creo que es nuclear a la hora de estar en calma y tranquilos con nosotros mismos.
 
      Y también es una manera, entre otras, de realmente conocernos y saber qué nos gusta, qué´no, nuestras preferencias, lo que nos produce enfado,… es decir, ellas nos guían y nos orientan en nuestro conocimiento interior, ir en contra, es en mi opinión, una tremenda “metedura de pata”. Y sobretodo un apunte: ninguna emoción es mala o buena, son positivas o negativas, es decir, que  nos producen estados de ánimo positivos: alegría, amor, o negativos: tristeza, ira,... pero todas son reacciones de nuestro cuerpo a estímulos internos o externos, y nos dan información y nos ayudan a crecer, no caigamos en el error de pensar que el miedo es malo o la ira es mala, y entonces querer creer que no tenemos miedo o que no es bueno enfadarse, porque así es cuando más daño nos harán. La cuestión es aceptar los estados de ánimo negativos como la tristeza, el enfado, la impotencia, la frustración,…. vivirlo como algo también saludable, no querer cambiarlo. Mucha gente si se pasa dos días triste ya se asusta y se piensa que tiene un problema, o si expresas enfado (gestionado y controlado) hay gente que te etiqueta de agresivo/a o violento/a. Pues señores: bienvenidos al mundo de las emociones, ellas no se rigen por lo que nosotros creemos que es correcto o políticamente bien visto, ellas tienen sus propios ritmos y sus propios tiempos. Hay una frase que dice: si intentas luchar contra la ola, la ola te envolverá y te ahogarás, pero si de lo contrario, te sumerges en ella, podrás llegar a la otra orilla.
 
5. No hagas las cosas por los demás
 
     Hazlas porque quieras hacerlas, desde la generosidad y la bondad, porque decides libremente hacer algo por el otro, no para que el otro vea lo estupendo que eres, o para recibir algo a cambio, o para no entrar en conflicto, etc.  No caigas en tus propias trampas.
6. Identifica la motivación intrínseca que subyace detrás del pensamiento o la acción. (culpa, verguenza, miedo) 
Para mí este es un apartado clave. El aspecto relacional del autoconcepto. Es decir,  una parte de la definición de quiénes somos, también viene por la posición que adoptamas en relación al otro y de cómo nos presentemos ante los demás, y lo que los demás piensen de nosotros. En muchas ocasiones, y seguro que nos vienen algunas a la mente, nos callamos cosas, decimos lo opuesto de lo que pensamos, decimos que sí cuando en realidad queríamos decir no, no sabemos poner límites,. etc. ¿Qué ocurre? habría que analizarlo, seguramente cada caso y cada persona responde a un patrón diferente. 
   
      Esta recomendación es bastante larga y extensa, requiriendo otro artículo para poder explicarla en profundidad, así que sólo haré una pequeña mención. La hipótesis de la cual parto es que no nos callamos o decimos que si porque tenemos baja autoestima y pensamos que la opinión del otro es más válida, como defienden algunos postulados con el nombre de: personas con estilo comunicacional pasivo. Yo creo que generalmente el motivo de respuestas no asertivas, viene focalizado en estas tres emociones: culpa, verguenza y miedo. Y cada una provoca respuestas y motivaciones diferentes. Por ejemplo: cariño, te apetece ir este fin de semana a casa de mis padres a comer? y la pareja responde sí cuando en realidad le hubiese gustado decir: no me apetece para nada. ¿qué pasa? La opción del miedo: no quieres provocar un conflicto; la opción de la culpa: no te sientes cómodo/a sabiendo que vas a tener que sostener el malestar del otro y prefieres no sentirte culpable; la opción de la verguenza: qué pensará mi pareja de mí si le digo que  no? . En definitiva y para ser concisa: las emociones deciden por ti, tu no tienes el timón de tu barco. Y esto va a generar inevitablemente consecuencias negativas para ti y para el otro.
 
 7. Mira más allá de las apariencias.
 
     No te midas sólo por lo que haces sino por lo que eres. Muchas veces en conversaciones sociales, familiares, escucho la pregunta: ¿de qué trabajas? y la maravillosa respuesta: yo soy médico, soy mecánico, soy profesora, soy ingeniera,…. mmmmm eres? o es lo que haces? entiendo que para muchas personas una parte de su identidad pasa por su profesión, pero no es todo lo que eres. Sé que es una frase hecha y que se dice sin pensar, pero igualmente siempre me “rechina”. Parece que nos etiquetan por lo que hacemos y no es así. Quizás estando en tu casa, estirado en el sofía mirando al techo en silencio, haces y eres mucho más tu y estás más conectado contigo mismo que “haciendo tu trabajo”. Por eso, esta recomendación, y más en la época en la que vivimos con la problemática del trabajo es que no pongas sólo tu valor en lo haces, mirá más allá, y que tu autoestima no se vea afectada porque trabajas de un oficio por el cual no estudiaste o no deseaste estar. Quizás es algo transitorio, quizás no, pero en todo caso, eres mucho más que eso.
 
8. Contacta con la parte más espontánea, auténtica y libre que hay dentro de ti.
 
     Quítate las capas de cebolla. Despreocúpate de la imagen que le das al otro, en definitiva el único que va a vivir contigo toda la vida hasta que te mueras eres tu mismo/a, lo importante es lo que tu pienses de ti mismo/a, y así vas a reflejar en los demás tu verdadera imagen.
 
9. Evita las comparaciones
 
     No sirven de nada. Sólo para descentrar la atención en ti y ponerla en el otro.Y allí, en el otro, la atención no hace absolutamente nada, sólo te quita poder a ti, para dárselo al otro. No malgastes energía, seguramente la necesitarás para otras preocupaciones más importantes en tu vida.

miércoles, 11 de octubre de 2017

DROGAS Y ALCOHOL EN ADOLESCENTES

 

 

    El uso y consumo de drogas y alcohol representan un problema tanto para quien las usa, como para las personas que están a su alrededor.  Hoy día el uso de drogas y alcohol es uno de los problemas principales con los cuales se enfrenta la sociedad.  Este consumo puede llevar al aumento de agresividad, criminalidad, problemas familiares y muertes. 
   
     Nuestros jóvenes o adolescentes se encuentran fuertemente expuestos al ofrecimiento del uso indebido de sustancias, por lo cual se ha encontrado un alto número de jóvenes y adolescentes que consumen drogas o alcohol.  Muchos de nuestros jóvenes comienzan a utilizar sustancias ya sea por presión social,  por querer experimentar, como método de escape o para solucionar sus problemas.  Irónicamente, tanto el alcohol como el cigarrillo son productos legales y causan un daño irreparable cuando se abusa de ellos.  Y es sabido que la promoción de estos productos, llega principalmente a la población de jóvenes.

     Consumir drogas o alcohol puede hacer que una persona se vuelva más agresiva que si no estuviera bajo los efectos de la sustancia, redundando en situaciones que podrían poner en riesgo tanto a la persona que lo consume como a otras personas.  De hecho, nuestros medios noticiosos reflejan cada vez más el aumento en el uso de drogas y alcohol por parte de jóvenes y adolescentes en relación con  la alta tasa de criminalidad que vive el país.  Vemos jóvenes cometiendo asesinatos, poniendo en riesgo sus vidas, mostrándose altamente agresivos, involucrándose en continuos conflictos, cometiendo robos, dejando de asistir a la escuela, al usar drogas y alcohol. 
 
    Es labor de todos, trabajar para la prevención y el manejo ante el uso de drogas y alcohol en nuestros jóvenes.  Es por esto, necesario estar al tanto las señales de alerta del uso de sustancias en jóvenes y adolescentes.

Señales de alerta

Respondiendo a las señales de alerta, es necesario tomar en cuenta: cambios marcados en el comportamiento (aparente tristeza, agresividad), aislamiento, pérdida de interés en actividades anteriormente gratificantes, pobre manejo del coraje, conductas extrañas y fuera de lo esperado, cambios físicos marcados, fracasos académicos y/u ocupacionales o disminución en el desempeño de estos, mentiras recurrentes, separación del grupo de amigos antiguo y formación de nuevas amistades (principalmente, si se mantienen ocultas), gastos excesivos de dinero sin razón aparente o estar involucrado en la desaparición de dinero u objetos valiosos.

Medidas preventivas

Como medidas preventivas es necesario: dialogar con los hijos, escucharlos y permitirles expresarse aún cuando las opiniones difieran, ser afectivos en todo momento, expresar sentimientos y permitir que ellos lo hagan, NO involucrar a los hijos cuando existen dificultades matrimoniales, tener tiempo para compartir con los hijos (leer, hablar, practicar deportes juntos), dejar fuera del alcance medicamentos y cualquier otra sustancia considerada riesgosa, desarrollar confianza, si se consume alcohol o cigarrillos, hacerlo moderadamente o eliminar el consumo, establecer límites cuando sea necesario, desarrollar la confianza y permitir libertades adecuadas (salir con sus amigos, pero que llegue a un horario adecuado), mantener una comunicación abierta, saludable y clara con los hijos y desarrollar hábitos familiares adecuados.

    No obstante, si ha identificado que su hijo ya consume sustancias o lo sospecha, es necesario: asumir y reconocer el problema, preguntarle directamente, buscar ayuda profesional de inmediato e informarse sobre el consumo y manejo, evitar desesperarse y tomar acción, demostrarle apoyo, no culpar a nadie (ni al menor, ni a la familia, ni a una persona en específico), localizar grupo, mostrarse capaz para buscar alternativas de solución.

Si Ud. sospecha que su hijo o un familiar consumen drogas o alcohol, así como sustancias controladas, no dude en buscar ayuda de inmediato con un profesional de la salud.

TDAH





A menudo se habla de TDAH, se sabe que se trata de niños y adolescentes con comportamientos hiperactivos, que se distraen, que son un poco desordenados…pero, ¿Se sabe qué consecuencias traen todos estos síntomas?

Algunas de las principales consecuencias con las que cuenta el TDAH y que pueden empeorar si no se presta la atención necesaria son dificultades de aprendizaje, fracaso escolar, dificultades en el desarrollo social y emocional, síntomas depresivos y comportamientos conflictivos.
Respeto las dificultades de aprendizaje, a medida que los niños avanzan en su escolarización, estudiar se hace más difícil si no se aprenden buenos métodos.

Los niños con TDAH se encuentran con dificultades para prestar atención, problemas para hacer un resumen o para saber encontrar la idea más importante de un texto, lo que les hace el estudio mucho más lento y cuesta arriba.
 
También encuentran muchas dificultades para hacer los trabajos por sí solos debido a la fácil distracción.
Todas estas dificultades de aprendizaje pueden derivar en un fracaso escolar.

El fracaso escolar puede dificultar el paso a los cursos superiores del niño, causar la repetición sucesiva de estos o, incluso, incitar el abandono escolar.

Por otro lado las características de impulsividad, déficit de atención e hiperactividad suelen provocar distintos problemas en las relaciones con los compañeros. Algunos de estos problemas son la dificultad para mantener amistades saludables, así como ser capaz de respetar al otro o poder expresarse correctamente. Es por estos motivos que si no se le enseña al niño a cuidar de sus relaciones en una edad temprana, probablemente cuente con un círculo escaso de amigos íntimos y duraderos.

De esta forma, las malas experiencias repetidas en el colegio y con los amigos, así como las discusiones con los padres por las malas notas y/ o el mal comportamiento, pueden provocar síntomas depresivos en niños con TDAH, así como otros problemas afectivos y emocionales.

Algunos niños con TDAH, sobre todo en los casos en que estos no reciben ningún tipo de atención al trastorno, tienen tendencia a desarrollar comportamientos negativistas, desobediencias cada vez mayores, desafío a la autoridad, problemas de conducta, e incluso, abuso de alcohol y drogas. Los motivos de las conductas inapropiadas pueden ser diversos y la forma de presentarse también, pero las consecuencias más comunes suelen ser tensión a nivel familiar y ansiedad por parte del niño o adolescente.

Estos son las principales consecuencias del Déficit de Atención, esto no implica que deba darse así en todos los casos, como siempre cada caso es diferente y requiere un diagnóstico y tratamiento específico proporcionado por un profesional.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

CUANDO LOS MIEDOS DE LOS NIÑOS SE TRANSFORMAN EN FOBIAS


¿Cuanto tiempo tarda un niño en superar un miedo concreto?

    A excepción de circunstancias muy extraordinarias (guerras, desastres naturales, secuestros), la mayor parte de los niños se recupera de los sucesos que le han producido miedo en pocos días o semanas. Los miedos que continúan durante meses o años son ya menos corrientes y comienzan a interferir en la capacidad del pequeño para enfrentarse a los procesos normales de desarrollo.  El niño de 2 años dejará de jugar con otros niños, pues se siente inseguro si se aleja más de un metro de sus padres. El niño en edad escolar que acaba de ir en bicicleta, abandonará esa práctica por “si me tropiezo con un perro”.

    El miedo infantil a veces colapsa las actividades diarias. Por ejemplo: Para evitar el encuentro con perros. Mary se negará a visitar a personas que tengan un animal de ese tipo, aunque se encuentre alejado de su presencia. Evitará también los paseos por la calle por temor a encontrarse con un perro poco amistoso. De esta forma, va inhibiendo un comportamiento normal en casa, en la escuela y con los compañeros, distinguiéndose de los otros niños. Cuanto mayor sea la discrepancia entre el comportamiento de un niño miedoso y el resto de sus amigos de la misma edad, más incapacitante resulta el miedo.

    Al final, el miedo acaba convirtiéndose en algo irreal. En nuestro ejemplo, Mary ya no sabe distinguir entre las situaciones que son realmente peligrosas y las que no lo son. Cuando se niega a acudir al centro comercial por miedo de que aparezca por allí algún perro malvado sin atar, su cautela es realmente exagerada. La está también menospreciando su capacidad para evitar futuros ataques siguiendo algunas medidas de precaución realista (por ejemplo, no acercarse a las jaulas). Esta tendencia a exagerar el peligro e infravalorar las propias posibilidades es una forma común de pensamiento distorsionado que aparece en las personas hipersensibles de todas las edades. También nos permite llevar a cabo una distinción útil:

El miedo es una reacción física, mental y emocional a un hecho realmente peligroso.
La hipersensibilidad es una reacción de miedo ante hechos que no son peligrosos o cuyo peligro real es inferior al que la persona imagina.

    El miedo inicial de Marya ser mordida era bastante real en esas circunstancias. No obstante, no es realista evitar de forma constante aquellas situaciones que son sólo ligeramente similares a las originales. Este retraimiento poco realista es signo de ansiedad. Si se vuelve muy exagerado e interfiere en la actividad diaria del niño, recibe el nombre de fobia.